785. ¡LA LECHE, TÍA!
JUAN CABALLERO GÓMEZ | VICTORIA9

‘- ¡Chochi!
– ¿Tía qué pasa? ¿Qué quieres contarme con tanta prisa?
– Vas a flipar tía, ayer el alemán pecoso de Erasmus me invitó a una fiestuqui con birras en su piso y……
– ¡Tía, no me rayes!, ¿Te fuiste con ese cardo?
– Si tía, me suda lo que digas que yo buscaba al Casas, el del buga descapotable.
– Estás fumá tía, si ese tío es muy mayor…
– ¿Mayor? ¡Ja! mayor el que apareció allí y ¡deja ya de interrumpirme, coño!
– ¡Venga, larga ya!
– Joder, bueno pues estábamos gente en el piso de los alemanes liados con las birras, el rapeo, sobeillos tontos y con el rollo y las bebidas se vuelven locos suben la música y se ponen a cantar, bailar y a dar golpes, como en bares esos grandes donde beben los de allí ¿sabes?
– Si tía, por ahora todo normal.
– Pues en pleno follón llaman a la puerta y todos acojonados creyendo que era la pasma. Pero qué va, ¿sabes quién apareció?
– ¿Y yo qué coño sé?
– D. Raimundo ¡el que nos daba gimnasia de pequeñas!
– Menudo mirón guarro era el Raimundo, se le iban los ojos detrás de todas. Hasta de La Pelos, que ya hay que ser cerdo…
– Pues va y dice que su mujer estaba hasta el coño de no dormir por el ruido y que quería llamar a la poli, pero que si nos comportábamos no pasaría nada, cuando de pronto el orco alemán le dice ¡bebamos! y le planta una birra delante de sus narices ¡y el tío va y se la coge!
– ¿La minga?
– ¡No chocho, la birra! y se mete para adentro, diciendo que la mujer es un coñazo, y que él prefiere a la gente joven.
– ¿Gente joven? Hasta las crías le gustan a ese salío.
– Pues después más birras y chupitos y se pilla un pedo del carajo. Lo cogen, lo suben en el buga del Casas y allí estaban todos con el Raimundo en bata y zapatillas, liándola parda por las calles a las tres de la mañana en un descapotable.
– ¡Qué fueeeerte, tronca!
– Lo fuerrrte fue que cuando vuelven de tomarse más cacharros con un pedal inmenso, el orco alemán que subía el último se equivoca de piso, entra en casa del Raimundo y se mete en la cama con su mujer que ya estaba dormida.
– ¡Hostia tía qué pasote!
– Al rato el Raimundo bajó y se encontró aquello. Yo sobá que estaba en un sofá, oí un follón de la leche me asomé a las escaleras y oí al Raimundo gritando ¡cabrón! ¡en mi cama con mi mujer! ¡Degenerado! ¡Antes de amigo y ahora vas y te follas a mi santa!
– ¿Su santa? ¿Tiene una santa el Raimundo?
– La mujer, so lerda. Que tienes menos seso que un gusano.
– Sexo ni olerlo… ¿y cómo acabó la vaina?
– Pues todos en las escaleras corriendo. El Raimundo detrás del orco, la mujer detrás del Raimundo los vecinos gritando, los alemanes tirándoles latas vacías de birra y yo descojonada.
– Movidón.
– La leche, tía.