La llama de nuestra primera mirada
Carla Pujales Souto | Carla

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Con la primera mirada que cruzamos, simplemente me atrapaste, como si de una tela de araña se tratara, dejándome encadenada al suelo, sin poder moverme. Decías tanto con ella pero en ese instante, no sabía cómo tomarla. Porque por tu boca, solo salían palabras vacías. Lo único que te interesaba era vacilarme y que cayera en tus redes, como hacían las demás. Sin embargo, como la persona fría que soy, no te di el placer de aceptar esa cita que tú me pedías. Aunque sabía que hacia lo correcto, por dentro comprendía que me arrepentiría. Pero tú, no te rendiste. No sabía si era por qué había dañado tu ego, o únicamente por qué querías demostrar algo. Como tampoco entendía, como siempre nos encontrábamos en todos lados, no solamente en donde nos tropezamos y conocimos por primera vez. Con tu traje siempre impecable, me parabas allá donde nos hallabamos, y me pedías esa cita que tanto ansiabas. Yo también la necesitaba, tanto como el aire para respirar, mas mi cabezonería, me hacía dar un paso atrás e irme con la misma respuesta de siempre. Pero llegó aquella plena noche de noviembre. Hacía frío, yo iba con un vestido rojo de terciopelo y una gabardina de pelo blanco. Con el cabello lacio, largo y negro suelto. Era la cena en aquel prestigioso restaurante de lujo en Santorini, al que tanto quería ir con mis amigas. La temperatura allí, era de lo más reconfortante. Cuando por fin me había quitado aquel abrigo, te vi. Pero no solo. Ibas acompañado de una preciosa pelirroja, con una hermosa figura y bella como un día soleado. Aquel día, experimenté lo que no había sentido nunca, celos y decepción. Lo peor de todo? Es que tú me observabas, y aunque esperaba ver arrepentimiento en esos ojos azules como el hielo, al no divisarlo, igualmente levanté la cabeza con orgullo y me reuní con mi gente. La cena era perfecta, hasta que apareciste. Pero no con el traje de siempre, si no con uno mucho mejor, negro, que realzaba tu figura. Estabas impresionante. Al principio pasaba de ti, pero tú seguías sin claudicar, e incluso dejaste sola a esa pelirroja para hablar conmigo, y salimos a aquel balcón con vistas hacia el mar. Me decías que no podías sacarme de tus pensamientos, ni yo ni mis ojos grises. Ni siquiera con aquella perfecta mujer. Fue ahí, cuando lo intentaste una última vez y yo por fin había aceptado, porque en ese momento, vi honestidad en tu mirada. Tuvimos nuestra primera cita. La mejor que había tenido jamás. Ese día comenzaba nuestro primer todo. Primer beso, primera noche de pasión y todo lo demás a partir de ahí fluyó. Como lo hicieron nuestros sentimientos a lo largo de los días.

Contigo viví lo que la gente llamaba, aquel amor a primera vista, cuando te miré la primera vez. Y a día de hoy, confirmo, que por primera vez, hice algo bien al aceptarte como mi novio