LA MAGIA DE LA PRIMERA VEZ
SORAYA NÚÑEZ ESPELTA | SORAYA

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Era una enamorada de las primeras veces, las primeras veces esconden miles de puertas y ventanas secretas, pero las abrimos o no.

Me valía cualquier escenario, solo tenía que haber gente a mi alrededor para imaginarme cual sería la magia de su primera vez.

De repente ella. Tendría unos veintiocho años, morena, nerviosa, se mordía las uñas, igual podría ser porque en algunos momentos se sintiese insegura, o simplemente estaba expectante ante algo. Me la imaginé, rodeada de amigos, planeando un viaje en el que ella sería la conductora porque se acabaría de sacar el carné. Todos estaban contentos, un grupo bastante unido donde camino, esta vez a Cuenca, les acompañaría de fondo la banda sonora de Friends.

No tardaría en encontrarme a gente que iba corriendo, con sus maletas. De esas personas que sabes que son habituales en las idas y venidas de los transportes públicos, se nota, no dudan.

Portaba una mochila, poco equipaje, seguramente sería uno de sus primeros viajes, iba nervioso, expectante, tenía mucho por descubrir, seguramente lo hiciese, seguramente le cambiaría la vida.

– Perdón, perdón, llegamos tarde.

Sus rizos, la bufanda y la prisa me impidieron verle la cara. Morena y rubia, ¿madre e hija? Igualitas con la misma sintonía. Imaginé que debían de serlo por la complicidad que se procesaban. De repente,

– Tita ¿y eso que es?

Primera vez de algo, como muchas de las primeras veces que habían compartido.

– Espera, no seas impaciente, ahora lo verás.

Una joven pareja subiría al mismo tren que ellas. A pesar de su juventud se notaba que habían librado algunas batallas. Me fijó en él. Alto y moreno, la mira con cariño, la cuida, por la forma en que la trata, supongo que no ha tenido una vida fácil. Ella le sonríe, le quiere. Seguramente disfrutarían de muchas primeras veces juntos, pero intuyo que ella tuvo mucho que ver en la primera vez que él se empezó a sentir bien.



– ¿Pero cómo que no vienes? Te estoy esperando en Chamartín. Es importante para mí.

– No llores le dijo él, ofreciéndole un Kleenex. Seguro que no merece la pena….

Entre sollozos le explicó hasta ahora a ese desconocido, que era la primera vez que iba a ir de viaje con una amiga y se había truncado.

– Te animaría, pero no es mi día, le dijo con un acento gallego inconfundible.

– Vaya lo siento. Y le sonrió.

– No te preocupes, acabo de tomar una decisión un tanto dura y estoy desolado, he perdido a mi amigo más fiel y siento un vacío inmenso.

Él, a pesar de transmitir ser una persona de aplomo, se mostró frágil.

No podía quitar la vista de aquella escena, coctel de primeras veces. Sin saberlo una ventana se estaba abriendo. Su viaje había comenzado.

Cerré los ojos y entendí que nadie vuelve igual de una primera vez. Ojalá, muchas inocentes primeras veces.