La mala estrella
Nieves Pérez Moreno | Miss Barruntos

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La primera vez que hizo su aparición, fue sin previo aviso, salió de la nada, estaba llamando al ascensor, y me sobresaltó con su luminosa presencia en el rellano de mi casa.

Disculpe si le he asustado. ¿Vive usted en esta planta, verdad?.

–Sí, pero ya me iba. Llego tarde al trabajo.

–Antes de que se vaya, déjeme que le enseñe… soy vendedor de estrellas del firmamento. No se piense, que se las ofrezco a cualquiera.

Me intentó convencer de que era una oportunidad única, porque la estrella estaba recién descubierta, y que según se estaban poniendo las cosas, no estaría mal tener una propiedad fuera de la tierra.

Me hizo reír mucho, sin duda era un fantasma.

Le pregunté el precio de venta de la estrella, y me dijo que dependía de cuál fuera, ya que disponía de varias en el catálogo, porque no era lo mismo una estrella con buena ubicación, o de nueva creación, que una más antigua y con la luz tenue.

El rango de precio variaba, debiendo calcular los años luz, y la ubicación respecto a la vía láctea, ésta, era la arteria principal, y por ende, ahí se situaban las estrellas más caras.

Me lo explicaba con una convicción increíble, mirándome fijamente a los ojos. Me quedé totalmente prendada del vendedor de estrellas, a sabiendas de que era un gañán, y casi, sin darme cuenta, me sorprendí sacando las llaves del bolso e invitándole a casa.

—¿Quieres pasar y vemos lo del tema del contrato?

—Vale, estaremos mejor que en el rellano.

No le vi ningún atisbo de interés en mi, más que el de posible compradora.

Él seguía afanado en calcular los años luz, y las millas de distancia, ojeaba unas complicadas tablas. Le dije que se podía quedar en casa el tiempo que necesitara, porque quería una estrella para mí y también iba a regalar otras a mi familia, en el caso de que me hiciera descuento por pack o constelación.

Cuando rellenó los campos en blanco con mis datos personales, se despidió y dijo que volvería al día siguiente con los documentos aprobados por su jefe. Desapareció con un destello que me dejó deslumbrada, no había visto a nadie tan especial.

Pasé ese día excitada y apostada detrás de la mirilla para ver si volvía. La verdad es que generó en mi una necesidad que corroía por dentro, ¡Yo que pensaba que no era consumista! Me atraía la idea de tener una estrella, pero aún más, que el vendedor pasara conmigo la noche mirando el firmamento, o lo que hiciera falta…

Escuché un roce en la puerta y un calambrazo me sacudió las entrañas, ¡ahí estaba!. Le invité a pasar a casa, extendió el contrato lleno de letras y números, y lo firmé desesperada. Le arrastré hasta mi cama, quería viajar con él al cielo, ver las estrellas, entonces me miró con carita de ángel y se esfumó. Era otro fantasma, me quedé con mi mala estrella y a dos velas.