1092. LA MARATÓN
jorge dario santarelli piriz | jorgeydasio

‘- ¿Quién me manda a estar aquí?… Recordé el momento de mi tremendo error, ofenderme en aquel domingo en que mi mujer invitó almorzar a mi suegra que mientras simulaba un tono jocoso insistía en tratarme de flojo y vago.
Ya es hora, los nervios a flor de piel, las piernas agarrotadas y aún no comienza la carrera.
Ya imagino mi llegada, ¡qué papelón!… de último, con suerte extrema quizás posición 65. Es mi primera y seguro última maratón. Las zapatillas bien ajustadas y una leve sensación de ausencia de sensibilidad en las piernas durante los quince minutos de precalentamiento que no entiendo mucho para que sirve, pero como lo hacen todos….
Ya casi es hora de la largada; nervios y ansiedad se pueden palpar en el aire. Todos atentos, nadie habla, solo se escucha el respirar acelerado, me parece algunos están hiperventilados.
Un estampido marca el inicio y los participantes, una mezcla de tapas, mayonesa y cervezas con piernas arrancan a trotar como si fueran adolescentes, escucho gritos de aliento entre el publico, algunos saludan como si fueran famosos. A mi alrededor todos se ven fresquitos, confiados cada cual con su sistema “infalible” para resistir, creo que son cuarenta kilómetros de maratón.
El cronómetro en mi muñeca indica que hace treinta y ocho minutos que estamos corriendo. Según la organización y su experiencia con las competencias anteriores, estiman una duración aproximadamente tres horas.
Las cámaras de televisión transmiten en vivo el evento, imagino los rostros de sufrimiento, seguro mi suegra estará mirando y saboreando mi abandono.
Ciento veinticuatro minutos de carrera, ahora estamos mucho más separados, de hecho miré atrás hace unos momentos y hay gente allá lejos que me parece llegarán, pero en la ambulancia.
Estando en la cima de una cuesta, veo mucho más adelante un grupo de ocho o diez corredores, se han separado de la mayoría, parecen decididos a dejarnos atrás a juzgar por el paso parejo que llevan y me pregunto, ¿serán todos de este mundo? mientras escucho un continuo resoplar delante mio.
Me duele todo, hasta el pelo, tengo las piernas adormecidas, mis brazos se mueven sin que yo lo ordene, a lo lejos veo un puesto de voluntarios que dan botellas con agua, espero llegar y… seguir.
– ¿Cómo fue que estoy en una maratón si me canso de solo ver correr alguien en televisión?.
Mi atención se centra en otro competidor a mi lado, no se si yo lo alcancé o si él me alcanzó a mi.
No tengo idea como llegué hasta acá pero juraría estoy entre los primeros puestos y eso que solo entrené una semana antes ¡qué grande Carlitos! alabo mi ego, el cartel de llegada está ahí, adelante, aún no me lo creo.
Con un esfuerzo sobrehumano intento acelerar el paso, de pronto una fresca brisa renovadora abraza todo mi cuerpo, desde alguna parte escucho a mi mujer que grita mi nombre alentándome seguramente.
– ¡Carlitos despierta que te has caído de la cama!