La Máscara y La Radio
Lucía García Bautista | Lu Gabat

Votar

Llegue al hospital, era una mañana de verano, no era uno de mis mejores veranos, bajé una planta, al sótano, me senté en la sala de espera hasta que dijeran mi nombre, iba tranquila, la ignorancia es un plus en contadas ocasiones, finalmente me llaman y me llevan a la habitación donde hacían la máscara, pero no una máscara cualquiera sino la que necesitaba para poder hacer la radioterapia que podría salvarme la vida ( me habían diagnósticado un carcinoma con metástasis), para empezar me colocan encima de una camilla, ponen la máscara encima de mi cara, cuello y hombros, está caliente, es más fácil así porque le tienen que dar forma y que se adapte totalmente a mi, a todas estas horror(soy claustofobica) tiene unos agujeros diminutos pero me falta el aire; cuatro personas entre técnica, enfermero, auxiliar, colocan sus manos sobre mi y trabajando rápido adaptando la máscara, mi corazón iba a mil , las manos mojadas, e intentando respirar, me decía: Lu respira, puedes con ello, sólo respira, respira; pasaron como 40 minutos entre hacer la máscara, prueba de TC, cuando al fin terminaron di un suspiro enorme, creo que me oyeron desde la sala de espera.

Pero ahí no acabó mi horror, el miedo llegó el día que nos volvimos a encontrar, primera sesión de radio, dentro de una habitación totalmente sellada donde me harían el tratamiento, al colocarme la máscara, estaba dura, yo no la recordaba así, me la pusieron, la sujetaron a la camilla utilizando unos clips , y volvió, el corazón a mil, manos húmedas, no pude, me la quitaron y salí corriendo, detrás de mi la radiooncologa, las técnicas de radio; me costó cinco días poder empezar , finalmente lo logré e hice todo el tratamiento, a pasado un año y unos meses, fueron ambas experiencias de las primeras veces más duras de mi vida, hoy estoy aquí escribiendo estas palabras y me siento orgullosa del camino recorrido.