La medida del mundo
MARTA ARTEAGA FUERTES | UZAKI

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Ella juntaba sus dedos pulgar e índice y así observaba el mundo y el mundo entero cabía entre sus dedos.

Haciendo así pequeño lo grande y grande lo pequeño.

En esa pulgada podía cobijarse el sol.

Y aquel sauce llorón.

La cigüeña volando en el cielo.

Aquella montaña.

Y la ternura de los perros.

Abarcaba así lo inabarcable:

El infinito del cielo

Y el azul de los océanos.

Cuando creció, Clara comprendió que así iba a ser la medida de sus sueños.

No permitiría que nadie le dijese qué hacer o quién ser.

Lo sabría por sí misma metiendo sus miedos en la medida de sus dedos.

Calibraría así sus límites y sus capacidades.

Atesoraría sus sueños, en la medida entre sus dedos.

También lo haría con cada uno de sus talentos.

Haciendo pequeño lo grande. Y grande, lo pequeño.

No se compararía con nadie porque nunca nadie contenía entre sus dedos la misma medida que su pulgada. Ni un milímetro más, ni uno menos.

Una pulgada capaz de guardar el mundo entero entre sus dedos era algo al alcance de cualquier persona y sólo útil para quien comprende la vida desde esta perspectiva.

Para recordar esta sutil sabiduría, Clara decidió tatuarse la medida de esta pulgada, en su antebrazo izquierdo para dejar a su manos libres para hacer quién ella era.