515. LA MESA MURCIANA
Antonio Moreno Pascual | Toni Moreno

Luis dio un rápido vistazo al polígono de Fuenlabrada dónde se había arruinado con su negocio de distribución de patatas, no le había quedado otra que reinventarse. Luis dio la última calada al ducados y entró en una sala grande donde había una monumental mesa redonda con un enorme mantel que caía a los lados, ocho hombres se sentaban alrededor, todos serios y callados, con una bata blanca de médico y los antebrazos sobre la mesa. Luis miró el reloj y dijo: ¡comenzamos!
Todos estaban inmóviles y se miraban unos a otros con atención, súbitamente uno de ellos señaló a otro con el brazo estirado y el dedo acusador, Luis se acercó al señalado y con los nudillos golpeó en la mesa, justo delante del apuntado, un segundo más tarde una voz femenina dijo alto y claro NO¡, el hombre bajó el brazo ligeramente contrariado.
Continuó el juego de miradas, otro hombre señaló y la misma voz respondió NO¡, la escena se repitió varias veces.
Todos daban muestras de cansancio y aburrimiento cuando uno de ellos señaló a otro que había cerrado los ojos brevemente y esta vez la respuesta fue un rotundo SI¡ el hombre señalado abandonó la sala.
Los participantes acudían allí para entrenar la impasibilidad de la expresión facial y corporal, lo que empezó como un juego estaba resultando un estupendo negocio para Luis. Ocho desconocidos se sentaban en la gran mesa, todos desnudos de cintura para abajo solo con bata blanca y zapatos, debajo había una persona con rodilleras que hacía una felación aleatoria a cada uno de los hombres, al principio no les dejaba llegar al clímax, pero cuando se aproximaban al final de las 2 horas que duraba la sesión les iba haciendo alcanzarlo a todos.

Cuando alguien sospechaba de otro lo señalaba, Luis daba los golpecitos en el lugar de la mesa que ocupaba el acusado, y si la respuesta era SI¡, el descubierto dejaba la sesión, el entrenamiento continuaba hasta que solo quedaban dos. Cada participante pagaba 500 € y firmaba un documento de confidencialidad.

Tras una o dos sesiones casi todos se transformaban en seres hieráticos capaces de no mostrar sentimientos, en la inexpresividad absoluta, los asistentes solían ser croupiers, políticos, jugadores profesionales, actores y sacerdotes. Luis estaba perfeccionando el mismo curso para mujeres, no era necesario alguien bajo la mesa, usarían bullets vaginales vibratorios con mando a distancia.

Cuando por fin se fueron todos Luis dijo: ¿Gloria nos vamos?
De debajo de la mesa salió una chica de unos 25 años, bajita, con gafas y cara de buena persona, uf… qué pesados, a algunos les ha costado, Luis le dio un pañuelo para que se limpiará , papá vamos a tomar algo me muero de sed.

Otra cosa papá, mañana no vengo, voy a cenar con Óscar, le he dicho al Tío Jorge que me sustituya bajo la mesa, pero terminad pronto porque tiene Bingo con la tía Marta.