LA MIGA DE TUS LABIOS
Beatriz Guerrero García | beafitz_

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Al fin estamos el uno frente al otro, en el punto culmen del ritual de cortejo moderno: reacciones a historias de Instagram, intercambio de mensajes, números de teléfono y, finalmente, la desvirtualización en forma de la ansiada primera cita. Ya no nos separa una pantalla, sino una mesa de restaurante.

Me miras a los ojos y sonríes educadamente mientras hablas sobre el amor trágico y la necesidad dolorosa de poseer para amar de Proust. Asiento de vez en cuando y sonrío también, pero no soy capaz de escucharte. No puedo apartar la mirada de la miga que reposa tranquilamente sobre tu labio inferior; no te percatas de que está ahí, no te molesta su presencia. Yo no me atrevo a decirte nada al respecto, no por vergüenza, sino porque de esa manera estaría admitiendo una derrota. La envidio, pues esa miga representa todo lo que quiero conseguir.

Al igual que yo, ella también ha llegado a tu vida de repente. Pero, en cuestión de minutos, ha logrado alcanzar aquello que yo anhelo desde hace semanas. Acercarse poco a poco a ti, no forzar nada, que sea todo tan natural que pase prácticamente desapercibido. Superar todas las barreras físicas, eliminar el espacio entre dos cuerpos. Lo consiguió cuando la cogiste delicadamente con tus manos y la llevaste a tu boca, donde se posó como el más suave de los besos. Donde le has permitido quedarse y, así, formar parte de ti.

Intento que mi atención vuelva a centrarse en la conversación, pero el destino dejó claro que tenía otros planes para mí. Tal vez me notaras tensa, distraída, y por eso me ofreces probar tu bebida. Al hacerlo, dejo un cerco de carmín en la copa, el cual rozas cuando vuelves a beber tú de ella. Un gesto inconsciente e inocente, pero doloroso. Esa copa se ha convertido en el recipiente del beso que nunca nos hemos dado. Es un recordatorio más de que, de momento, he de conformarme con observar la miga de tus labios.