135. LA MIRADA
Mario Sánchez i Candela | SRA Monterrey

LA MIRADA

Algo llamó su atención al posar sus ojos en los de aquella bella mujer. Ella le sonreía y él estaba allí, dubitativo, como un itonolito plantado en un cruce, sin saber bien qué hacer, si acercarse y hablarle, o pasar de largo. Pero es que, al sonreírle, le pareció que realmente algo de él le había llamado la atención. ¿Se habría interesado o solo era una mirada al azar?
De pronto se decidió. Iba a abordarla allí, en plena acera, apoyada sobre un muro. Ella seguía con su sonrisa, mirándole, pero él sentía que aquella lo miraba con los ojos que observaban el vacío. Daba igual. Cuando se acercó más a la acera en la que estaba la mujer que lo observaba como si mirase al infinito.
De repente, lo comprendió todo, cuando, todavía sonriéndole, se puso a palpar buscando el bastón que se había dejado apoyado sobre la pared. Aquella hermosa mujer era ciega. No lo miraba precisamente a él. Le dio igual, no se chó atrás y se presentó a sabiendas que no lo vería. Esta le sonrió y le dijo si podía acompañarla. La mirada de ternura que observó en ella lo conmovió. Se fueron juntos como una pareja por la avenida. Ahí comprendió que, para sentirse atraido, nada ni obstáculo alguno se interpondría en su camino.