460. LA MISIÓN
ANA CHACÓN MARÍN | RACHEL LIONELY

LA MISIÓN

Saltó la valla y aterrizó en un callejón oscuro, al reincorporarse tropezó y mordió asfalto. Preñado de rabia se levantó, se frotó los pantalones y empezó a correr. Uno de los zapatos voló por los aires, pero no paró, no estaba para tonterías, qué era un zapato en aquellos momentos. Además le apretaban, y casi que agradeció perderlo. Tenía que salir cuanto antes del atolladero, huir y verse libre.
La operación se había torcido. Justo cuando estaba apropiándose del botín sonó la alarma y tuvo que salir corriendo dejando todo tirado en el suelo. «Ha sido mala suerte. Tenía que haber retrasado la operación. Siempre que mi suegra viene a casa ocurre algo malo, es gafe. ¡Mira que se lo digo a mi mujer!». Se dijo Raymond.
Aunque le faltaba el aire y el pecho le salía por la boca siguió corriendo sin parar de despotricar acordándose de su suegra, la sirena de la policía se acercaba cada más…
De pronto escuchó a su espalda:
-¡Alto o disparo!
Raymond paró en seco. Uno de los policías le sujetó los abrazos a la espalda y le puso las esposas.
-¿No puede ponerlas un poco más flojas?
-Sí, claro, a la carta.
-Están cometiendo un error, esto no es lo que parece.
-Vamos que la alarma ha sonado para entretenerse. Respondió el policía.
-Estos cachivaches a veces se descontrolan. Insistió Raymond.
-!Entra! que en comisaria nos vas a explicar que hacías robando a estas horas.
-Que no estaba robando y la hora que le voy a hacer si es cuando me han hecho el pedido.
-!Siéntate! empieza a largar.
-A mí no me hable es ese tono que yo soy un caballero.
-Por eso estabas robando porque eres un caballero.
-Vamos a aclarar esto de una vez por todas. Mi mujer quería hacer una fabada y le faltaban varios de los ingredientes. Me pidió que fuese a algún restaurante a ver si me los vendían. Pero vi la tienda de comestibles tan mano que me dije para qué voy a perder el tiempo buscando otro sitio. He roto un poco el escaparate, no todo, lo justo para poder entrar, que yo soy muy mirado y no se crean que hago las cosas de cualquier manera, y he ido directo a por el chorizo y la morcilla que es lo le faltaba a mi mujer para completar el plato. Cuando me había hecho con el encargo ha saltado la alarma y he tenido que salir corriendo dejando todo en el suelo. ¡Pues si no hay muerto, no hay crimen! Conque no pueden hablar de robo.
-Ya, eso lo veremos mañana cuando el juez te tome declaración, de momento esta noche duermes en el calabozo.
-Joe, que alivio, pensaba que no me lo iban a proponer nunca. Pues si llego a casa sin la morcilla y el chorizo mi mujer me abre la cabeza con el palo de la escoba.