1113. LA MODERNIDAD Y SUS LÍOS
David López-Cepero M. | Pilgrimanto

Ayer comió con nosotros David Bisbal, nos cantó sin cesar hasta la hora de la siesta. De tanto bailecito, nos rompió la lámpara del escritorio con una de sus patadas voladoras. No había quien lo echara. Por suerte, los jugadores del Real Madrid irrumpieron sin previo aviso y, aunque pisotearon la mesa y tiraron todos los platos al suelo, también rompieron la megafonía del concierto y arruinaron la actuación. Me dio pena de que le hicieran falta a David, porque se lo llevaron lesionado en una camilla, mientras el árbitro repasaba la jugada en el VAR: ¿Habría sido el defensa merengue el agresor o mi propio padre, como venganza por no dejarlo dormir?
En cambio, mi hermana ha salido corriendo, con la cara desencajada, a esconderse en su cuarto; ha cerrado con pestillo por dentro. La entiendo, porque los de “la manada” han aparecido en el jardín y están espiando por las ventanas. Los periodistas que los seguían han dejado de hacerlo cuando se han encontrado a una folclórica rebuscando entre las bolsas de basura del vecino, un político retirado que se dedica a jugar al escondite con ellas por toda la casa… ¡Ni que estuvieran llenas de billetes!
Mi madre viene de la cocina pegando gritos, porque un chef se ha puesto a criticar el emplatado de su ensaladilla: Le ha dicho que parece una bola de cera, a la altura del mismísimo “León comegambas”. Siento vergüenza ajena. Por eso, prefiero examinar cómo los nubarrones del mapa meteorológico del informativo cubren el salón: amenaza lluvia. De hecho, la abuela se ha puesto las botas de agua, porque cuando le duelen las rodillas sabe que va a nevar y no quiere que Juan y Medio la pille desprevenida y empapada, justo hoy, que le trae a casa a un pretendiente de Jaén; ojalá no aparezca con un rebaño de cabras, como hizo el anterior, porque lo dejan todo lleno de bolitas de estiércol.
Lo peor de la tarde ha sido cuando una ola nos ha tirado a todos del sofá y han aparecido 40 o 50 personas nadando a duras penas; su patera zozobraba y trataban de alcanzar la orilla del dormitorio. Las sábanas se han puesto perdidas y mi madre no se ha podido contener por más tiempo. Ha arrancado de cuajo el cable de la nueva televisión de realidad aumentada, esa que papá compró la semana pasada. Ha echado a todos los extraños de casa, zapatilla en ristre. Sospecho que mañana van a devolver la tele y que, como ya amenazó, va a colocar en su lugar una estantería repleta de libros. Parece que se ha olvidado del lió de hace unos años, cuando el Capitán Alatriste se cayó desde un estante sobre el tomo de don Quijote y este, con un chichón que hacía tambalear su yelmo, salió enfurecido con la intención de resarcirse de tamaña ofensa.