LA MUCA: SONETO DE ENCANTO NOCTURNO
Martin Rollings Sánchez | Makunchin

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En la ciudad de La Muca, al anochecer,

donde el sol se despide con su último fulgor,

se oculta un encanto que despierta el fervor,

un rincón mágico que invita a renacer.



En sus calles empedradas, el tiempo se detiene,

y las sombras danzan al compás del viento,

La Muca, en su silencio, es un sentimiento,

un susurro antiguo que al corazón sostiene.



Bajo el cielo estrellado, la luna se asoma,

iluminando secretos que el pasado esconde,

historias que en susurros la noche responde,

en cada esquina, un eco de una antigua broma.



La Muca, con sus leyendas y mitos en el aire,

guardiana de sus misterios, como un encaje,

teje memorias que flotan en el espacio,

un soneto eterno que se eleva en un canto.



Los faroles antiguos, testigos de la historia,

iluminan callejones llenos de añoranza,

donde cada piedra guarda una esperanza,

y cada esquina encierra alguna victoria.



En los patios ocultos, entre flores y murmullos,

se respira el perfume de un romance antiguo,

La Muca, en su esplendor, es como un prodigio,

un lienzo de emociones que se trenzan en capullos.



En su plaza central, donde el tiempo se abraza,

se reúnen los sueños de generación en generación,

La Muca, con su esencia, es pura inspiración,

un poema que late en el corazón que abraza.



Oh, La Muca, con tus rincones de magia,

donde los suspiros se funden con el viento,

cada calle es un verso, cada rincón es un aliento,

un soneto eterno que en el alma se anida.



En el ocaso dorado, cuando el día se retira,

La Muca despierta en su plenitud,

un poema vivo, una sinfonía en la quietud,

un soneto que en el alma perdura y suspira.