LA MUJER DE LA FALDITA MARRÓN
Lizette Martínez Valerio | L.

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La mujer de la faldita marrón pasea y pasea, va y viene, espera.

Espera en la plaza, ansiosa, elegante, la mujer de la faldita marrón.

Ella espera, espera con su bolso, con sus rizos, con su risa, sin paciencia.

Él no llega y ella espera.

La mujer de la faldita marrón. La pobre mujer de la faldita marrón.

Ella no sabe que él nunca llegará. Su primera cita no será.

Por eso está ahí, esperando, en la plaza, con su bolso, con sus rizos.

Ya no anda, sólo espera, ahí, sin su risa, sin paciencia.

Cruza los brazos, tiene frío.

Él no llega y ella espera.

Es de noche y ella sigue ahí, la mujer de la faldita marrón.

Con sus brazos cruzados, sin su risa, con paciencia, con sus lágrimas, sin calor.

Ahora llueve, ella corre.

La plaza se queda sin la mujer de la faldita marrón.

Corre a casa y se moja, se moja sus rizos y su faldita marrón.

Al fin llega, empapada. Y tiembla, y llora.

Se quita el abrigo, los zapatos, la blusa, las medias y la faldita marrón.

Se queda desnuda, temblando y llorando.

Ya no es la mujer de la faldita marrón.

Es una mujer desnuda, sin su bolso, sin sus rizos, sin paciencia, sin su risa, sin su plaza, sin él, sin amor y sin su faldita marrón.