1325. LA NEGOCIACIÓN DE LOS PECADOS
PAULA IDOATE | Medusa

‘- Ave María purísima.
– Sin pecado concebida.
– Cuéntame, hija mía, ¿cuándo fue la última vez que te confesaste?
– Fue ayer, Padre, pero es que desde entonces me ha dado tiempo a pecar mucho.
– Jesús, acoge el arrepentimiento de esta pecadora…
– Sí, sí, Padre, no tengo mucho tiempo. Mi hermana y yo compramos un boleto de Euromillones todas las semanas. Mejor dicho, yo lo compro todas las semanas, con el dinero que gano y que además utilizo para mantenernos a ambas, porque como usted sabe, ella está convaleciente desde hace media vida. Ayer ganamos el premio gordo.
– Hija mía, eso no es un pecado. No hay que culparse por ser afortunado.
– No, no, Padre, estoy segurísima de que he pecado. En cuanto ha llegado el cuidador de mi hermana a casa, me he ido al hipódromo a alquilar un caballo para ir a la oficina y despedirme como Dios manda. Y, bueno, como el caballo no se animaba, he sido yo misma quien le ha dado una coz en la cara a ese explotador.
– Esto merece por lo menos cinco padrenuestros.
– Padre, nos debía a toda la plantilla los tres últimos sueldos. Como usted comprenderá, ya no me van a hacer falta. ¿Me los cambiaría por esos cinco padrenuestros?
– Hija mía, el Señor agradecería mucho una ayuda para adecentar el retablo, que después del derrumbamiento del tejado por la catástrofe de Filomena, nuestros feligreses le rezan a la imagen del calendario. En el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo, yo te abs……
– Deje eso para luego, Padre, que aquí viene lo peor. He llegado a casa después de devolver ese caballo tan educado y le he contado a mi hermana lo del Euromillones. Usted sabe que, aunque se encontraba en estado vegetal desde que tuvo el accidente, yo trato de mantenerle al corriente de todo lo que ocurre ahí fuera. No se imagina mi sorpresa cuando se ha puesto a cantar, ¡a cantar! Me ha confesado que todos estos años fingido su enfermedad cuando yo volvía a casa, y que tiene un romance con el cuidador. Que el mundo real le produce ansiedad, dice, pero que el Euromillones nos ha liberado a las dos.
– ……
– Sí, Padre, me he visto obligada a cortarle la lengua, le he contado demasiadas cosas a esa desgraciada porque pensaba que nunca podría revelarle mis secretos a nadie.
– No sé qué decirle…
– No se preocupe, Padre, que estoy al tanto de que Filomena también se llevó por delante las reliquias de San Antonio. Ambos sabemos que ése es el mayor reclamo de su parroquia. La lengua de mi hermana por su silencio, ¿qué me dice?
– Sin duda, Hija mía, el Señor se alegrará de semejante colaboración a esta nuestra comunidad. Puedes ir en paz.
– Siempre es un placer hacer negocios con usted, Padre.