LA NO PRIMERA CITA
Henar Costoya González | Roa Condena

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Ya sabes que el día comienza mal cuando al desayunar mezclas el Cola-cao con el zumo de naranja, la tostada se te cae al suelo y te tropiezas tirando una copa que dejaste ayer encima de la mesa, pero no te acordabas. En fin, un día terrorífico, no se lo deseo ni a mi peor enemigo. Me subí al bus como todas las mañanas, a las 8:02, línea 2321, media hora de trayecto diario. Donde ya había comenzado de manera catastrófica. A los nueve minutos de subirme al bus se acerca alguien a hablarme.

– Perdona, ¿sabes donde termina esta línea? Es que he llegado hace poco a la ciudad y se me ha muerto el móvil.

En estos momentos te planteas si te están vacilando, son las ocho de la mañana y hay un cartel en grande que pone que esta línea termina en un campus universitario.

Siendo honestos no me apetecía dar muchas explicaciones de mi vida, y bueno, considerando que tenía un poco de resaca del día anterior quizás le puse demasiada imaginación a ciertas partes de la conversación, inventándomela casi al completo. Continué mi día sin darle más importancia a este encuentro, aunque había terminado dándole mi número de teléfono.

Entro a trabajar sirviendo cafés en un bar de mala muerte del centro, los horarios aquí son infinitos. Sobre las doce de la mañana veo aparecer una silueta que me resulta un tanto familiar. Era él, a la persona que le había dicho que estaba estudiando una doble ingeniería en la privada y no tenía tiempo ni para comer, que mis padres cagaban dinero y que mis últimas vacaciones fueron en Madagascar, aunque la realidad es que estoy intentando ser actriz, en un piso compartido a las afueras y con 32,95 euros en el banco.

– Hola, ¿me pones un cortado por favor? Espera…- hubo unos segundos de confusión- ¿Tu no eras la ingeniera de esta mañana?

Tierra trágame, a ver como resuelvo yo esta situación. No me puede estar sucediendo esto, no al menos hoy, ya le había dado mi número de teléfono, habíamos quedado la semana que viene, le iba a contar que si esto se lo había creído es porque era buena actriz, pero por la expresión que contenía su rostro no creí que fuese a suceder.

– Supongo que entonces, ya no hay cita, ¿no?