524. LA NOVIA
Luciano Montero Viejo | COMETA AZUL

La vertiginosa belleza de aquella profesora de literatura hacía soñar a los hombres de la pequeña ciudad. Pero su naturaleza narcisista, desinhibida y voluble la llevó a jugar con los sentimientos de muchos de ellos hasta enloquecerlos de frustración y despecho. Que acabase anunciando su matrimonio con el más acaudalado, que además era el alcalde, fue casi un destino natural. Y que invitase a sus víctimas a la boda, una muestra más de aquel deplorable humor sarcástico que todos ellos conocían muy bien.
La mañana de la ceremonia el novio se retrasaba ya media hora cuando apareció un mensajero con un paquete urgente. Dentro había un fajín de esmoquin empapado en sangre coagulada y una cartulina con una cita literaria: “Esto del morirse los enamorados es cosa de risa. Quijote, Segunda Parte”.
Una docena de encopetados caballeros, intercambiando furtivos guiños cómplices, sostuvieron solícitamente a la novia desvanecida.