498. LA PIEL VERDE
Sergio Cervera Moreno | Todopo

Una mañana tras un sueño intranquilo. Yo, Leopoldo Sotomayor. Me levante de la cama tropezando con todo a mi paso. Fui al cuarto de baño y en el espejo de cuerpo entero me descubrí con asombro. ¡Me había convertido en un dinosaurio!
Aprete la pasta de dientes por el centro, para que mi mujer al echarme la bronca por ello, se diera cuenta de mi problema y me apoyara. También me orine en la tabla del wáter con la misma intención.
Me senté a la mesa a desayunar, las tostadas quemadas con mermelada de calabaza, y una tila.
– Parece que tienes algo de mala cara Leopoldo…
– Ya… Voy a acercarme a la Seguridad Social a pedir la baja.
– Que flojo eres… Los funcionarios siempre escaqueándose del trabajo.
– No sé, me encuentro torpón…
– Comes demasiado y no haces ejercicio, solo es eso no dramatices, hombre.
La miró, el lunar que tenia cerca de la boca de novios, ahora se había convertido en verruga.
– ¡Adiós Papa, muñecote! Dijeron los gemelos a la vez.
Tuve la intuición, que me podían poner en la estantería de su habitación, junto a los dinosaurios de goma que tenían.
Que poco me respeta mi familia (pensé) con el problema que tengo…
Se fueron todos, y me quede desparramado en el sofá. Reflexionando en cambiarnos de casa. Esta se quedaba pequeña para mi tamaño. Pero meterme en otra hipoteca, seria pagar hasta los cien años. ¿Cuánto vivirá un dinosaurio? Pensé. Tendré que mirar Internet.
Por la noche, me quede rezagado, viendo La Nave del Misterio, para que todos se fueran a dormir, y marcharme al Parque Liana a estirar las piernas.
El aire de diciembre me enfrió la cabeza y lo vi todo claro. Lo que necesitaba era encontrarme a mi mismo, en este cuerpo de dinosaurio. Sacare todo el dinero del banco y hare el viaje de mis sueños ¡a Tahití! Allí me encontrare a mí mismo.
¡La aventura puede ser incierta, pero la rutina es mortal! Grite a viva voz.
Las hojas de los arboles del Parque Liana asintieron moviéndose, dándome la razón.