866. LA PLAYA
Patricia Fortes Nieto | Historias con sabor a GASOIL

La playa… ese lugar al que vas sin braga-faja, sin maquillar y con un moño choni que parece un nido salvaje de pardal. Si consigues ligar en la playa, él, es el hombre definitivo.
Otro año que pasa y luces el mismo cuerpo botijo…
Llegas, te tiras sobre la toalla y venga a sobar. Hasta que te despiertas con el sonido de tus propios ronquidos…
¿Y ese ruido? Piensas desorientada mientras te rascas las ingles recién depiladas (que pican a dios) y te sorbes las babas que te caen por la barbilla. ¡Qué puta vergüenza doy!
-Venga, guapa, tú puedes…
-Ánimo, power girl…
-Mueve esas caderas, cariño, que vean esa elasticidad…
Le riño a mi mente por decirme esas frases de mierda y me pongo la parte de arriba del bikini para ir al agua. Me hace mucha gracia cuando algunas adolescentes gritan: ¡No a la opresión del sujetador! Por favor, no me comparéis esos jóvenes, maravillosos y erguidos pechos, con estos colgajos que han amamantado y tienen ya la mitad de su vida. Que si los dejo sueltos se me juntan con la barriga. Sin faja y sin sujetador…, solo de pensarlo: lloro.
Comienzo mi paseo hacia el agua con la braga del bikini metida por el culo para lucir unas nalgas bronceadas. Os preguntaréis porqué no me pongo un tanga.
Porque pienso que el tanga me queda fatal, pero el bikini metido por la raja del culo es sexy que te cagas… -Contesta mi mente riendo.
Dicen que el agua salada cura las heridas, así que decido sumergir mis penas a ver si se ahogan…
Pretendo parecer una diosa en inmersión mientras meto el dedo pulgar del pie derecho en las gélidas aguas del Atlántico…¡Joder, qué fría está! Y pongo cara de cagar mientras emito grititos… Voy braceando con las rodillas dobladas como si estuviera andando sobre brasas ardiendo y parezco una faneca brava a punto de morir sin aire.
Después de las que yo creo que son unas estilosas brazadas, salgo del mar con los pezones duros apuntando al infinito, y la melena suelta y mojada. Para mayor énfasis -en mi natural actuación-, levanto los brazos y me paso las manos por el pelo. En esos momentos yo me creo Pamela Anderson, pero la puta realidad es que el rimmel se me ha corrido y parezco una borracha de mierda saliendo de un after.
Un cachas se me acerca y meto barriga. No puede ser…¿Aquaman a mí? ¿Yo, la elegida?
-Señora, lleva un manojo de algas pegada al pelo.
El cachas y su pandillita se parten de risa, rebozándose -cuales croquetas de jamón ibérico- por la arena.
Una alga… Una puta alga verde, larga como una boa y gorda como una vaca, se me ha enredado en la parte superior de la cabeza. Luzco como una Medusa «enxebre». Y en ese mismo instante quisiera abrir la boca cual gorgona enfurecida y petrificarlos, pero… decido abrir la boca para comerme un puto trozo de alga.
Hoy, comienzo la dieta.