1357. LA PRESBICIA, MIS MUCHAS GAFAS Y MIS DOS OJOS
Pilar Colás Giraldos | POMPEYA ALEGRÍA

“¿Distingue realmente a alguien más allá de unos metros? ¿Lee los rótulos, anuncios o carteles a distancia?” Es obvio que no. ¡Bien lo sabe quien me lanza el dardo! Igual no quiero verlo todo, todo el tiempo. Como tampoco querría oírlo todo, todo el tiempo. La intuición decide lo que enfocar y la presbicia apuntala lo que me vale desenfocado. Compruebo que una sonrisa se capta a metros. Suficiente.
Los anteojos de presbicia sobredimensionan lo sucio, lo feo, y los pelos de la gata. Otra cosa son las gafas de conducir, que me dan seguridad en la guantera. Unas de ver de cerca van siempre en el bolso, casi en la mano, imprescindibles para la compra; de tanto que salen y entran se pierden a menudo. Cosas que pasan.
“No entiendo por qué no prefiere unas gafas progresivas a tener cuatro graduaciones en cuatro gafas”. Le he pedido duplicado de gafas con la graduación de hace diez años porque ahora es la perfecta para ver la tele, y se me han roto. Me río para dentro y para fuera, porque nada racional puedo alegar. Ante una graduación nueva de presbicia, las antiguas graduaciones dan un paso atrás en su operatividad, y pasan a ocupar puesto de PC, de TV, de Compra, de último recurso… Es como un sistema de reciclaje que les parece contra natura.
“Y creo que para verano voy a encargaros gafas graduadas de sol para leer, y quizá otras para conducir”. ¡Voy a poder leer al sol, en una terracita, con una cerveza y sin visera! “¿Y no quiere otras graduadas de sol para ir por la calle?”. Ya hasta me vacila y lo asumo. Me divierten su franqueza y su sarcasmo. Es la frescura de lo joven y bisoño.

Aunque no voy a poner un apartamento a mi colección infinita de gafas, que campan por todas partes, uno de mis retos es de estrategia: dar con un bolso que tenga departamentos para un mínimo de cuatro gafas: de cerca (lectura, compras y ordenador), de lejos (conducir), de no tan lejos (TV, cine…), y de sol (de momento solo sin graduar). Y dejamos la opción, según sea el plan, de las gafas de muy cerca (las de leer en la cama, luz amarilla, o letra de Biblia). Y las de sol graduadas ya se verá.
¿Realmente todo esto se simplificaría con unas gafas progresivas y un proceso de adaptación? Seguro. Pero lo simple no me conmueve. Me quedo con lo sencillo. Mis ojos se lo merecen. ¡Qué estrés que vieran todo sobredimensionado y todo el tiempo!
Aunque ni en mi casa me entienden .