LA PRIMERA CARENCIA
SONIA FUNES MONZONIS | ALICIA HUBERMAN

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De mi vida en el colegio, cuando tenia siete años, recuerdo el curso escolar con agrado. Me sentaba en primera fila, ahí no era feliz, y la profesora menos. Me pasaba las horas girada hablando con la de atrás, mi compañera era muy aburrida.



Un afortunado día pasé a segunda fila. Conocía a las delante, muy sosas y solo hablaba con las de atrás. En ese ínterin, arreglaron mi pupitre, y mi nueva compañera fue mi amiga durante muchos años, encajamos como las piezas de un puzle. Pese a la edad, era mas juiciosa, mas sensata, menos revoltosa, pero lo pasábamos muy bien jugando y haciendo las tareas en clase.



Se acercaba Navidad, y la profesora, nos dictó con paciencia infinita pues los millones de preguntas no la dejaban apenas hablar, los materiales que necesitábamos para el trabajo navideño.

Mi amiga y compañera, no apunto nada. Me contó que ella no iba a hacer el trabajo, en su casa no podían comprar los materiales. No dijo nada mas, pero parecía conformada con aquella decisión, no era nada nuevo para ella.

Me falto tiempo al llegar a casa, para cantárselo todo a mama.

– Lulú no hace el trabajo navideño.

-¿Por que, cariño?.

– En su casa no pueden comprar los materiales. ¿No conocen el sitio? ¿No saben ir? ¿Sera por eso?

– No cariño, significa que no son tan afortunadas como tu, es probable, que sus papas no tengan dinero para comprarlos.

– ¿ Y por que no tienen dinero? ¿ Por que a ellos no les dan dinero? ¿ No se puede coger un poco? Solo un poquito.

– Es algo mas complejo que todo eso, las circunstancias no les habrán sido favorables.

Cuando mi madre entraba en fase metafísica yo no sabia que pensar, ni que decir pero aquello no me gustaba nada.

– Pero, … ¿Eso no me va a pasar a mi? ¿Verdad mama?

– A ti no, pero debes pensar que no todos tienen tu suerte, y no tienen dinero suficiente para poder vivir con dignidad.

Aquello se complicaba, era mejor no preguntar más. La intriga se instaló por primera vez en mi vida en forma de carencia, por lo visto no se podía tener todo, aquello me parecía muy grave, no estaba todo a disposición de todos.

Al día siguiente mama me dio un paquete para Lulu.

– Dile que es su regalo de cumpleaños.

– Mama yo no se cuando es.

– Le dices que pensabas que era hoy.

– ¿Y si no es?

– Le dices que te has equivocado. Ella lo aceptara, espero, dijo en voz muy baja.

En cuanto llegue al colegio me falto tiempo para entregar mi regalo. Ella lo acepto, aunque creo que conocía la excusa. Recuerdo el trabajo, y las risas una vez acabado. La felicidad es simple, era eso.