¿LA PRIMERA CITA?
Iván López Carbonell | El Bardo de Rivia

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Adrián no podía creérselo. !Por fin lo había logrado! !Le había pedido salir a la chica más guapa de la clase!

Ahora, mientras esperaba a Cristina sentado en la cafetería, miles de preguntas acudían a su cabeza. ¿Estaba bien vestido? ¿No era demasiado formal? Y el sitio… ¿Le gustarían las tartas de allí? !Ay! Pero ¿Y si no quería café y prefería haber ido a otro sitio? ¿Tendría que haber llevado flores o eso ya en las siguientes citas? Tuvo que darse un coscorrón para dejar de pensar, pues si no acabaría teniendo una migraña.

Al poco Cristina apareció por la esquina, radiante como siempre, y, la sonrisa que lucia en su rostro le hizo olvidarse de todas aquellas preocupaciones.

-Que guapo has venido. De haberlo sabido me habría preparado un poquito más… Aunque a decir verdad no habría tenido tiempo con tanto ajetreo que llevo. De hecho, este es mi único descanso en lo que llevo de semana.-

-¿Y has querido pasarlo aquí conmigo?- A Adrián le había sorprendido la tranquilidad y confianza que estaba mostrando la chica, pero saber además que estaba usando su escaso tiempo libre para acudir a su cita le había pillado totalmente desprevenido.

-Claro que sí tonto. Llevo meses queriendo que me invites a salir. Como entenderás una chica no va a pedirlo, pero a punto he estado, porque por más pistas y pistas que te lanzaba no entendías ni una… Es que te juro que imaginado esta situación en mi cabeza mil y una veces. Todas las posibilidades !Y aún así no estoy contenta con la ropa que he elegido! Pero bueno, no tiene sentido darle más vueltas, ya por fin estamos aquí los dos, ¿No?-

Describir lo que había dentro de Adrián en aquel momento como «mariposas en el estómago» sería no hacerle justicia. Él sentía un verdadero huracán multicolor recorriendo cada parte de su cuerpo, no podía caber en su gozo. La ilusión era tal que empezó a tartamudear.

-¿De, de, de verdad lo has imaginado? !Yo también! Muchas veces, muchísimas, !Te lo juro!-

Y así los dos comenzaron a contarse como se habían imaginado la situación, los desastres, las anécdotas que iban a contarse, etc.

Al final terminaron abandonando el local y se fueron ha un parque cercano que ambos conocían. Allí, al pasar junto a una fuente, se dieron el que sería el primer beso de muchos, y, rebuscando en su bolsillo, Adrián le ofreció a Cristina una de las dos monedas que habían sobrado del cambio de la merienda.

-Venga, pide un deseo.-

Acto seguido Adrián miró su moneda y contempló las posibilidades. Habiendo hablado recientemente de como imaginaba que iba a ser el día, se le ocurrían mil deseos de como podría haber cambiado la situación, pero concluyó con que a grandes rasgos, estaba contento con el día.

«Que este día no se acabe nunca» pensó antes de lanzar la moneda.



Adrián no podía creérselo. !Por fin lo había logrado! !Le había pedido salir a la chica más guapa de la clase!…