La primera cita tras el miedo
ESPERANZA GARCIA SERRANO | Esperanza García

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Estaba nerviosa. E incluso ansiosa. Como decía mi abuela: me temblaban hasta las pestañas. La banda sonora de aquel momento eran suspiros, personas corriendo y palabras inentendibles por megafonía. Pero en mi corazón solo había recordatorios de que aquel día estaba sucediendo. Después de tanto esfuerzo, tantas lágrimas e incertidumbre. Los kilómetros que nos separaban estaban a punto de convertirse en centímetros. Oleadas de recuerdos de mi infancia me sacudían en una de las terminales del Aeropuerto de Barajas. Recuerdo que los asientos eran incómodos o mi culo demasiado inquieto para mantenerlo en reposo. Mis ojos volaban entre la multitud y las lágrimas estaban perdiendo la batalla. Llevaba la camiseta que me regaló antes de cruzar el océano con trece años, un par de maletas y el corazón roto. Ahora tenía veintisiete, mis pies bailando junto a las agujas del reloj y a punto de sanar mi corazón después de tantos años que junto a ellos se perdieron tantos momentos. Su último mensaje fue hace dieciséis horas y mi respuesta ya no tenía los dos ticks tan famosos. Cerré los ojos. Ya no recordaba cómo era un beso suyo en la frente antes de dormir, un abrazo de dos almas e incluso solo recordaba su risa tras una llamada.

Tras el “y si no vuelvo a verla”.

Y de pronto la vi. Cogía sus maletas con torpeza y podía notar la emoción en su rostro. Ella no me había visto. Estaba a punto de nuestro primer abrazo a salvo. Y de pronto nuestros ojos coincidieron. Y me convertí en aquella niña de trece años que tuvo que convertirse en adulta demasiado pronto.

¿Lo ves, mamá?- Le pregunté cuando me acerqué.

– Nuestra primera cita tras el miedo.