La primera vez que me elegí a mi misma
Cruz Abenza Ros | Cruz Styles

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Siempre he sido una chica a la que le ha hecho mucha ilusión ser querida. Durante mi infancia, tanto con amigos y compañeros de colegio, o incluso, esos amigos que te encuentras de repente en el parque al que ibas todas las tardes, me han visto como una chica peculiar que no solía hacer todo lo que las demás personas hacían. En consecuencia a ello, preferían hablar con otras personas, quedar con otros, y a mí, verme como una simple compañera de clase o una amiga más de relleno.



Empecé a darme cuenta de que si me convertía en personas de mi entorno que eran más queridas por gastar su tiempo en cosas que todos hacían, aunque a mi no me gustara o no me sintiera identificada, las personas con las que me juntaba me iban ha hacer más caso y a quererme más. Comencé a juntarme con gente con la que no estaba agusto, a ir a lugares peligrosos, a reírme de cosas que se supone que hacen gracia, pero que yo en realidad no entendía. Mi entorno empezó a mostrarme un pelín más de interés del que me mostraban antes, pero yo seguía notando que no era del todo suficiente.

Una vez empezó mi etapa en el instituto, entré con esta nueva versión de mí, que en el fondo tanto odiaba. Conocí a personas nuevas, las cuales me acompañaron durante una larga temporada de esta etapa, sin embargo, otras muchas se fueron y lo agradecí bastante. Remontando a mis primeros años de instituto, comencé teniendo un grupo de amigos bastante amplio. Esto, por un lado me hizo sentir muy bien, ya que todos podían ver lo bien que le caía a los demás.Sin embargo, no me sentía del todo integrada con la mayoría de personas que había en ese grupo. Pasado un tiempo, di un paso hacia delante y formé un grupo con el que sentía que podía ser yo, y darme igual la opinión de los demás. Y si, estuve en lo correcto. Comencé a reírme por cosas de las que a mí me apetecía, a opinar de cosas de las que yo quería opinar, me sentía muy agusto con ellos y por fin fue cuando empecé a pensar un poquito más en mi felicidad, en mi paz, y sobre todo, en mí.

A pesar de ello, estas personas que formaban parte de ese grupo al que tanto cariño cogí, empezaron a convertirse en esa versión que yo tanto había superado, o eso creía. Comencé a tolerar “bromas” que me faltaban el respeto, actitudes envidiosas, conversaciones con las que no me sentía a gusto.



Y fue ahí cuando me di cuenta de que no quería volver al pasado. Le dije adiós a amistades que les cogí cariño y pasé bastante tiempo. Pasé una etapa completamente sola, en la que aprendí a respetarme, a quererme, y a ser yo. Puedo decir que estoy orgullosa de la primera vez que me elegí a mi misma.