LA PRIMERA Y ¿ÚLTIMA? CITA
ROCIO ALVAREZ SAIZ | ROCIO ALVAREZ SAIZ

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Una vez más, Sara sale tarde de la reunión de trabajo. Una vez más, no llegará a tiempo para acostar a las niñas.



Arranca el coche con la idea de poder dar un beso de buenas noches a sus hijas aunque ya estén dormidas, hasta que unos focos cegadores que van directos hacia ella le sacan de sus pensamientos.



— Pero ¿qué hace este idiota en dirección contraria? ¡Vamos a chocar…! ¡Ahhh!



Sara siente frío. Está en un campo. Nota la hierba húmeda y, confusa, decide dirigirse hacia unas luces que vislumbra en la lejanía.



Las luces son de ambulancias. Los médicos atienden a un hombre que está tirado en la carretera. Al acercarse, observa que también hay una mujer sola y abandonada. A pesar de estar cubierta de sangre nadie la atiende y Sara sabe por qué. Está muerta.



Cuando se aproxima a ella siente que su cuerpo se paraliza. No entiende nada.



— ¡Esa mujer soy yo…! ¡No puede ser! Por favor, Sara, abre los ojos.



De repente, oye una risa detrás de ella.



— ¡Ja, ja, ja! Ha sido divertido, ¿no? — dice el hombre que está a su espalda. Su cara es grotesca al igual que su risa y lo peor de todo es que apesta a alcohol.



— ¿A qué te refieres? — contesta Sara incrédula.



— Al accidente. El choque ha sido perfecto, el mejor de mi vida, ¡Ja, ja, ja!



— ¡Hijo de putaaa…! ¡Has arruinado mi vida y la de mis hijas!



—Oh, qué pena. Me gustaría estar más tiempo charlando contigo, pero tengo que irme. Creo que van a salvar mi vida —. El hombre se encamina hacia su cuerpo, que sigue tirado en la carretera, y se funde con él.



—¡Nooo! ¡Nooo! ¡No es justo! —Sara siente como se le resquebraja la garganta.



—Sara, Sara… No llores.



Sara se gira. Una mujer de negro, con la piel muy blanca la está llamando por su nombre.



—¿Quién eres? —pregunta Sara temblorosa.



—Sabes perfectamente quién soy y hoy tienes tu primera y última cita conmigo.



—Por favor, déjame vivir. Quiero estar con mis hijas. Necesito que me saquen de quicio cuando se porten mal, quiero que me enfaden cuando sean adolescentes y vuelvan tarde a casa, quiero interrogarlas hasta la saciedad cuando tengan su primer novio, necesito… todo de ellas. ¿Por qué la vida es tan injusta? Llévatelo a él, que no valora su vida ni la de los demás, por favor…—Sara siente que le fallan las fuerzas.



— Si la vida es injusta ¿por qué la muerte va a ser justa?



Sara no sabe que responder, Cierra los ojos y las lágrimas empiezan a brotar.



—Sara abre los ojos y observa.



Sara obedece. Oye las voces de los médicos.



—La mujer acaba de abrir los ojos —escucha decir a uno de los médicos —. Necesito ayuda. ¡Dejad ya al hombre, lo hemos intentado, pero no responde!



—Gracias —dice Sara en un susurro.



—Esta ha sido nuestra primera cita, pero recuerda que la segunda será la definitiva —le responde la muerte en la lejanía.