La puta bolsa
Rodrigo Mateos | Rodri

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Sensaciones encontradas, lo que sentía no eran nervios, realmente no se que era. Quería hacer las cosas bien, necesitaba hacerlas bien mejor dicho, era difícil, nunca me había enfrentado a esta situación, como es lógico.

Salí de casa y me crucé con un par de vecinos, me sonreían, pero no lo hacían de verdad o por lo menos eran sonrisas tristes. Al salir a la calle algunas personas también se me quedaban mirando, esta vez no sonreían, únicamente me miraban. Hasta que me encontré con ella por fin. «¡Qué guapo estás!» me dijo mientras me daba un abrazo, «te sienta bien para como me lo pintabas». «Bueno… me siento raro, no se como sentirme a parte de cansado» respondí, le devolví el abrazo, pero esta vez no tuve prisa, me quedé abrazado a ella un instante en aquella pequeña inmensidad.

Nos montamos en su coche y, como siempre, la primera canción que me ponía era «Heroes» de Bowie, era una de las canciones que salían en mi película favorita. En cuanto empezó a sonar vi que me estaba mirando de reojo para ver como sonreía siempre que sonaba aquella canción.

Y allí estaba otra vez, “Hospital de la Princesa” ponía en un gran cartel. Era mi séptima sesión de quimioterapia, pero era mi primera cita con mi nuevo yo, con un yo que no quería aceptar, pero que era la realidad, era la primera vez que me afeitaba la cabeza.

El tema no era tener o no tener pelo, cambiar o no cambiar de look, si no saber enfrentarme a mi mismo, a esa bolsa roja que cuelga cada vez que voy, a mis pocas ganas de hacer cosas por encontrarme agotado. Pero la vida es esto, y si no me enfrento a ella, ¿para qué luchamos? No tiene sentido ahogarnos en trabajos que no nos motivan, en vidas que no entendemos y en amigos que no merecen la pena. Y la primera cita conmigo mismo es entender esto. Cambiar por mi y por ver todo eso. Al final no eran unos pelos, era una vida entera ese gesto.