La queja de Flavia Alexandrova
Sergio Rivera Pagán | Mafalda

4.3/5 - (7 votos)

Y como mañana tengo trabajo y hay que levantarse temprano y sé a ciencia cierta que la luz que entra por mis ojos llega, vía directa, al reloj circadiano de mi cuerpo y le dice “¡despierta!”, me aseguro de apagar las bombillas del cuarto y reducir el brillo del móvil a la intensidad más baja, antes de ponerme a ver horas tras horas de TikToks—no vaya a ser que se me dañe el «sleep schedule». Sin embargo, sin darme cuenta, dan las tres de la mañana y, a pesar del truquito del brillo, el sueño que me mataba ha desaparecido, así que veo dos o tres vídeos más en Instagram para ver si regresa. Me marca uno en especial—lo veo, por alguna razón, tres veces: Un chico me lleva por “un día en su vida.” Se levanta de la cama (y ofrece amplia evidencia videográfica para el que lo dude), desayuna, va al gimnasio, al trabajo, se hace la cena, un “skincare routine”. Cuando veo el vídeo por cuarta vez (en esta ocasión, leyendo los comentarios, como Dios manda), me entra la ansiedad existencial del que ve su tiempo, tan irrecuperable, desperdiciarse a torrentes como agua por grifo abierto y me obligo, finalmente, a cerrar los ojos. Apenas me duermo, tengo que despertar. Me levanto, desayuno, voy al gimnasio, al trabajo, me hago la cena, me lavo la cara (¿la vida imita a los vlogs o los vlogs imitan la vida?). Y así se repiten los días, Doctora, ad infinitum. En una distorsión temporal: las horas pasan cual si fueran años y los días como minutos. Nada me ancla al momento, ¿sabes lo que le digo? Necesito un ancla. Me he resignado a que no será mi trabajo (aunque sienta que me hunde y ata al fondo del mar) y todavía no he perdido la esperanza de que sea un hombre, una familia. Pero no me he acostado con nadie en dos años, Doctora, y con eso se lo digo todo. ¿Quizás un proyecto personal? Un libro o incluso—Dios me libre—grabar mi vida, hacerme influencer. Escribir es muy difícil. Grabarme sería fácil (si ignoro la muerte espiritual que conllevaría filmarme lavándome la cara o poniéndome una falda). A veces pienso que mis reservas son envidia y que si fuera más guapa no dudaría en grabarme. Pero me parece que el mundo dice: si un árbol cae en el bosque y no hay nadie para grabarlo, ¿de qué coño vale la caída? Que dice: si nadie lo graba, no hay árbol ni bosque. Y todo es un intento inútil de evitar la muerte y……

La Dra. Melfi me para y dice:

—Ya es tiempo. Se acabó la cita. Me pareció productiva para ser una primera consulta. Quizás sea mejor dejar la muerte para la segunda. ¿Nos vemos en una semana?

Y me parece medio estafa, pero no recuerdo la última vez que hablé tanto, que alguien realmente me escuchara. Se siente bien, así que secándome las lágrimas digo:

—En una semana nos vemos.



FIN