136. LA RECETA DE LA FELICIDAD
Bea Garaizábal | Bea Garaizábal

Te sobran un par de kilos. Lo sé. No por estadística o porque se te ve amorcillado, si no porque a mí también. Don’t panic!

No estamos solos. Está también King África, el bueno de Don Pimpón, y casi cualquier cantante de reggeaton que se precie (o desprecie).

Es una lástima, porque te encanta el dulce, y te cuesta privarte de él. Pues… se acabó el sufrir en silencio. De los creadores de “La sandía no es un adelgazante si la empujas con torreznos” y los productores de “la cerveza no es un smoothie detox por muchos cereales que tenga” llega…

¡el bizcocho milagroso!

Milagro ¿de qué? Dirás. Yo te lo cuento: está hecho con …. ¿nata? ¿mantequilla? ¿panceta? ¿clembuterol? ¿glutamato monosódico?

¡No señora! Está hecho con ¡¡AGUA!!

Esta RIQUISIMO, es tiernísimo, y cuando te lo tomes, ya solo tendrás que beberte siete vasos de agua de los ocho que recomiendan al día. Además de las 5 raciones de fruta o verdura, un yogur para el colesterol, una porción de proteína vegetal, una infusión para drenar, sérum, contorno de ojos, unas sentadillas, 10 minutos de mindfulness y tres padrenuestros.

Si a estas alturas te seduce la idea, esta es la receta:

Ingredientes:
200g azúcar+3 huevos: tienes que montar a muerte con batidora de varillas o con Thor marcando musculatura. Es decir, batir como si no hubiese mañana o la masa haya duplicado su volumen. Dale con todas fuerzas, o como si estuviese mirándote tu crush, o Alberto Chicote.

Cuando la masa haya montado bastante (dependerá del brazo de Thor, pero calcula unos 5’) añade 130 gramos de aceite y 130g de AGUA. Te dije que era light. Todas mis esperanzas de futuro en esos 130 gramos. Ahora sigue batiendo, pero más suavemente.

Añade ahora 200g de harina (ese polvo blanco legal que vive en tu despensa, y te espera como un perro fiel hasta ocasiones como la de hoy) y unos 10g de levadura química. Ya sólo te queda una cucharadita de sal y la ralladura de un limón o de naranja. Un gin tonic menos en el mundo. Merecerá la pena. ¡Verás!

Mezcla lo justo hasta que se deje de ver la harina en polvito y pasa todo a un molde engrasado, como tu aorta. Es el momento de hornear a 175°C unos 45’.

Una vez que enfríe, para no quedarme esquelética, le suelo poner un glaseado: mezclo el zumo de medio limón con azúcar glas, hasta que sea una pasta blanca, como pasta de dientes pero en modo pica-muelas. Cubre el bizcocho con la pasta de dientes farsante.

Una vez glaseado sólo tienes que pensar si lo vas a acompañar con una infusión détox sin azúcar ni ganas de vivir, o con un chocolate a la taza untuoso y humeante. O un bourbon, que la verdad, te lo has ganado.

Esto de beber agua no estaba tan mal como pensaba… me veo capaz de volver a beber un vasito otro día.