167. LA RED SOCIAL
Rafa Frías Gómez | Rafa Frías

Martín y Laura se conocieron en el instituto. Ella es dos años mayor que él y en el pueblo todo el mundo lo comentaba. No era normal que una chica fuese mayor que su novio. Además le sacaba 10 cm de altura, lo cual era ya todo un caso de estudio para los vecinos.

Pero a ellos nunca les importó. “Quien habla de fuera, esconde de dentro”, decían.

Y después del instituto llegó la Universidad y dos trabajos, una pedida, una boda, una casa y un sofá de esos de masaje con calefacción incorporada.

– Que buena inversión fue ese sofá. En él os encargamos a ti y a tu hermano. – Soltaba Martín en toda reunión familiar, dirigiéndose a sus hijos.

Ese sofá ya no está. El día que salió por la puerta, también lo hizo la pasión de Martín y Laura. Se seguían queriendo, sí, pero sin algo que les calentase la espalda en invierno, el motor no arrancaba. Se sentían mustios. Como un poto sin regar.

Lucrecia, compañera de trabajo de Laura, le habló en varias ocasiones del local de swinger al que solía acudir con su marido.

– Vacuna para el body, nena. Tu ya me entiendes – Y rompía a reír como una hiena fumada.

La idea no convencía a Martín.

– El Covid puede ser lo mejor que pilles ahí. Además, seguro que solo hay jubilados y gente que se ríe como tu amiga Lucrecia, que ni con el mejor sofá calentador del mundo, inspira a ponerse en marcha.

– ¡Ya está! Tengo la solución.- Exclamó Laura un día mientras veían Informe Semanal. – ¿Y si creamos una red social para expandir nuestros contactos y experiencias de vida?

– Pero mujer, eso ya está inventado. Acuérdate aquella que nos descargamos, ¿cómo se llamaba?, ¿Aparejados?

– Apalabrados, Martín. Y te vuelvo a decir que aquel chat que intentó ligar contigo es igual que esos perfiles de pechugonas que te agregan a Facebook: un bot.

– Lo que sea. Que ya está todo inventado.

– Todo no Martín.

Laura explicó su idea con todo lujo de detalles, dibujando en el aire conceptos, líneas y hasta una Z para finalizar su intervención.

– Osea, a ver si lo he entendido. ¿Propones que contactemos con otra gente en nuestra misma situación y establezcamos con ellos nuevos núcleos familiares, donde cada vez que nos sintamos aburridos, apáticos o aplatanados, nos intercambiemos con otros miembros de la familia, asumiendo un nuevo rol y pudiendo volver a casa siempre que lo deseemos?

– Correcto. Además conforme ampliemos la red, mayor número de opciones para no volver a sentirnos mustios nunca jamás.

– Como te gusta esa palabra. ¿Y los niños qué?

– Si no se han traumatizado con tu anécdota del sofá, ¡no se van a traumatizar con esto!

– Pero mira que eres lista joder. Por eso me casé contigo. Por esos 10 cm de inteligencia superior que me gastas.

Ahora si que van a hablar de ellos en el pueblo.