1348. LA REDACCIÓN ATRAGANTADA
Jonathan Seco moreno | Jason Ave

En la sala de profesores, se encuentran varios maestros a la hora del almuerzo. Algunos aprovechan para preparar su próxima clase, otros para tomar café. La profesora de inglés, Andrea, que aprovecha para corregir unas redacciones, piensa en voz alta:
– Este alumno… ¡Qué ocurrencias! Dice que la comida típica de su pueblo es “Web us come ham on”.
– No me lo creo. – Contesta el profesor de religión.
– Pues créetelo. No sé si suspenderle o directamente hablar con sus padres.
– ¡Por Dios! Un poco de fe en el chico. Deberías consultarlo con el de arriba.
– Tienes razón. – Responde asintiendo – Voy a preguntar a Gema, la directora, que tiene el despacho en la planta de arriba.
Andrea se dispone a salir de la sala de profesores cuando se cruza con Esther, profesora de geografía, con la que mantiene muy buena relación. Aprovecha el encuentro y le pide una segunda opinión.
– Esther, una cosa. Tengo un problema.
– Málaga que cuentes conmigo.
– Un alumno me ha hecho una broma en un examen y no sé si es motivo para suspenderle.
– Bueno, no eches mas sal en Lérida. Si ha sido la primera vez, yo no se lo tendría en Cuenca. Con alumnos así, hay que armarse de Palencia.
– Gracias, compañera. Voy a seguir.
– Vale, Lugo nos vemos.
Tras despedirse, Andrea sigue camino a dirección. Sin embargo, se encuentra con Arturo, el profesor de filosofía, bajando las escaleras.
– Hola Andrea – Saluda con poca efusividad Arturo.
– ¿Qué tal? Oye, ¿sabes si está la directora en el despacho?
– No lo Descartes. ¿Vas a expulsar a alguien?
– No lo sé. Es por un alumno, que me hizo una broma en una redacción y no se cómo debo actuar. ¿Tú que piensas?
– Yo pienso, luego existo.
– No te entiendo.
– Qué lo que decía Pitágoras, de catetos está lleno el mundo.
– No me queda muy claro, voy a ver si está la directora.
– Todo fluye, nada permanece.
Andrea, se marcha algo perpleja tras la conversación con Arturo y sube a la planta superior. Del despacho contiguo a dirección, aparece Marga, la profesora de matemáticas, así que, en un intento desesperado, aprovecha para comentarle la situación.
– Hola Marga. Oye, me estoy debatiendo si suspender a un alumno y quería saber tu opinión.
– ¿Qué problema tiene? – Responde Marga
– Me hizo una broma en una redacción.
– Pues esto son dos más dos. Si le da todo igual, la ecuación es sencilla. Yo le restaría puntos.
– Gracias, Marga.
Andrea, por fin llega al despacho de dirección. Llama a la puerta y no obtiene respuesta así que decide abrir. Al otro lado, se encuentra a Gema, que esboza un gesto de sorpresa sin parar de masticar. Entre ellas, sobre la mesa del despacho, un plato de huevos con jamón a medias.
– ¿Gema?
– Disculpa, estaba almorzando. Es típico de mi pueblo. A mi hijo le encantan. ¿Quieres?