1105. LA REVOLUCIÓN
Luna Ramos | La oruguita feliz

‘-¡Que no, Maria! ¡Que no aguanto más esta situación!
-Paco, que estás exagerando, que tampoco es para tanto…
-Nos están jodiendo Maria, ¡nos están jodiendo! Todo el día trabajando como locos para nada, para que se queden con el fruto de nuestro esfuerzo, y nosotros sin nada para alimentar, para cuidar de nuestros niños. ¿Es que quieres seguir así para siempre?
-No, pero…
-¡Ni peros ni peras! Las cosas hay que cambiarlas, y si no lo hacemos nosotros no lo hará nadie.
-¡Pero Paco, si eres el único del grupo que está dispuesto a sacrificarse! ¿Qué vas a hacer tú solo, eh? Me vas a dejar viuda, y no va a cambiar nada, viuda, trabajando todo el día, cuidando de los niños y lamentándome de tu revolución fallida toda la vida.
-¿Y prefieres vivir como ellos decidan que vivamos? ¿Vivir para ellos? ¿Acaso has tenido alguna vez vacaciones en verano? ¿Has podido ir a la playa? No necesitamos lujos, ¡pero sí libertad!
Podríamos trabajar como autónomos, o simplemente subsistir de lo que faenamos, viajar cuando queramos, dejar a los niños jugar libres en vez de obligarlos a trabajar con nosotros para que cuando venga el señorito tenga la cantidad de producto que a él le gusta. ¿Cómo no lo ves Maria?
-Ya, pero es demasiado arriesgado, te jugarías la vida.
-Por ti, por los niños, por los compañeros, por el futuro, me la jugaría una y mil veces. – Sonríe cariñosamente.
María le devuelve una sonrisa triste, preocupada.
Entonces pasa, se oyen pisadas, todos se estremecen, un terremoto al que ya están casi acostumbrados inunda el lugar. Todos corren a esconderse, saben que no durará mucho y después podrán volver a sus vidas.
Todos corren menos Paco, que determinado a acabar con las injusticias, se despide de su asustada mujer y mira hacia arriba con la mirada del que sabe que va a conseguir algo grande.
Entonces…
-zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz….
El viejo apicultor sonríe, hoy es un buen día, sus abejas se han portado bien y recolecta litros y litros de miel.
Saluda, cariñoso, a una de sus amigas que parece ir a recibirle,
Rebelde, la abeja le clava su aguijón y cae al suelo.
-Pacoooooooooooo
El hombre no siente el pinchazo en su traje blanco ni ve morir al insecto.
-zzzzzzzzzzzzzz