1456. LA SOPA FRÍA
Daniel Clavero Muñoz | claver

Es el día del cumpleaños de Leo y su familia acaba de cruzar la puerta del restaurante “La Sopa Fría”, un lúgubre y sofisticado lugar en el que se amontonan los platos junto el ensordecedor trasiego de una estrella Michelin. Dos trenzas hechas con cautela adornan la cabeza de su hija Daniela que aburrida juega con el cuchillo mientras Manuela, su madre, le pide que se esté quietecita. Leito, el hijo mayor de 11 años, se quita un calcetín y lo lanza a uno de los platos que pasan por su lado como coches de carreras. Manuela no se ha dado cuenta porque está pendiente de que su marido esté a gusto el día de su quincuagésimo cuarto cumpleaños.

Leo, con una calva que refleja la luz amarilla del espacio, se acomoda mientras cruje la silla. Ha llegado su primer plato. ¿Carne? ¿Verdura? No descubre lo que es y decide probar con cautela. Levanta el brazo para que la camarera acuda. “¿Qué es esta mierda?” es la frase con la que decide resolver sus dudas. La camarera agobiada le asegura que puede traerle otro de los platos a su gusto. Le retira el plato de la mesa. Se cruza con una de sus compañeras y se miran con complicidad mientras se les escapa una sonrisa cómplice. Chocan los cinco como si acabasen de ganar el trofeo que llevaban esperando toda la temporada.

En la cocina todo marcha con tranquilidad. Una tranquilidad sobrepasada por el humo de los fogones, gritos y ruidos de platos chocando. Nada que no impidan que dos camareras y la maître se organicen como un ejército. Una coge una bandeja, la otra una cubertería y, por último, un babero.

Leo está acalorado. Su mujer algo incómoda, mira a los niños y le pregunta a Daniela qué tal le ha ido el día en el colegio. Leo le interrumpe para hacerle saber que de nuevo ha elegido un sitio de mierda para celebrar su cumpleaños, uno de esos circos en los que no hay profesionales “como los de antes”. Se levanta para ir al baño.

Tras la puerta rotulada por “caballeros”, la pierna de un hombre encadenada a una mesa rodeada por tres mujeres. Un babero que tapa la boca de Leo adorna su cara roja como un tomate mientras las gotas de sudor se deslizan por su cara. La camarera que le ha atendido coge el tenedor que le facilita su compañera, pincha un poco de comida y le baja a Leo el babero para que la pruebe. “Está muy rico, ¿verdad? Muchas gracias por venir al restaurante”. Leo agradecerá cada trago que pase por su garganta.

Manuela pide la cuenta. “Niños, nos vamos. Papá ahora viene”. Manuela se pone sus gafas de sol y sale con los dos niños de la mano mientras esboza una sonrisa cómplice a una de las camareras. Otra familia entra por la puerta de «La Sopa Fría”: “Feliz cumpleaños, señor Manuel”.