518. LA SUERTE
Isabel Granero Iglesias | Cardón

–…debiste verme, amor a primera vista.
¡Empezó otra vez con el cuento! Luis contando la forma en que conoció a Marisol.
La conozco yo mejor, que, aunque él no lo sepa, fui yo el comienzo y punto de inflexión de su historia de amor:
Hacía unos meses que había contratado a un entrenador personal para que me pusiera en forma. Me sentía portentoso. Conseguí con férreo trabajo: agilidad, fuerza y destreza. Mis habilidades eran innegables, casi un año de duro trabajo y pagando a un monitor.
El plan era brillante: billar, cena, disco. Todos los amigos (menos él) y las chicas iríamos al bar de nuestra calle para jugar al billar y pasar el rato, a las diez de la noche nos marcharíamos a cenar al Lamucca y de madrugada nos encaminaríamos a la discoteca.
Estaba yo pavoneándome delante de un grupo de chicas, feliz con Marisol haciéndome caso todo el rato. Jugué con ella al billar, yo gané dos partidas y ella tres; se subió a mi coche cuando fuimos a cenar. Yo estaba seguro de que congeniábamos en todo, no paramos de hablar en toda la noche y me inundaban sus carcajadas que llenaban mi corazón de esperanza. Coincidimos en muchas cosas que eran importantes para los dos. Ella era mi chica soñada. Sus gustos y aficiones eran los míos y se lo hice saber… yo estaba en la gloria.
En la cena, solo tuvo ojos para mí. Hasta compartimos los aperitivos, que mira tú por donde, nos gustaban los mismos, y los que no, mejor, así no nos peleábamos. El ambiente fue distendido, parecía que nos conociéramos desde hacía mucho. Interrumpí, con rapidez a Roberto cuando preguntó por Luis. Claro, yo no quería que él viniera. No deseaba que ella pudiera caer bajo sus encantos. Es que no le invité, peor aún, le dije que nosotros habíamos quedado para estudiar y terminar un trabajo que debíamos entregar. Él dijo que se las arreglaría, que se iría al cine.
A la puerta de la discoteca, ella se disculpó y se marchó. Le dejé mi número. Le guiñé el ojo. Sería mi novia, quién sabe si hasta mi esposa.
Y me enteré al día siguiente, de que Luis salió del cine, se fue a pasear y le robaron su billetera y el móvil. Desesperado por conseguir ayuda, tocó el timbre de una casa cercana y recibió un calambrazo, se llevó un buen susto, golpeó la puerta, y como nadie le abría se sentó a pensar qué hacer. Justo en ese momento, llegó un taxi, era la una de la mañana, en su interior vio a alguien hablar con el móvil y le miraba. Se abrió la puerta de la casa, y un señor le apuntó con un rifle, le preguntó qué quería, él le contó su historia. Mientras tomaban algo caliente, Marisol se dio cuenta de que tenían amigos en común… desde entonces están juntos.
Ella era mi chica… pero a él le acompañó la suerte.

FIN