47. LA TEORÍA Y LA PRÁCTICA
Ingrid Joselyne Rodríguez Fuertes | Olvido Lang

María no sabe cómo leches dejar a Jorge. Obviamente la teoría la conoce, pero hay demasiado espacio entre esta y la práctica. La teoría es buscar un momento, idealmente tranquilo, pero no está la cosa para pretenderlo. Buscar un momento cualquiera, entonces. Pedirle que se siente, aunque bien sabe que también valdría con que estuviese de pie, no cree que le vaya a dar un síncope. Es decir, valdría cualquier momento. De pie, sentado o recostado sobre la cama, donde ya no sucede nada de lo que solía hace unos meses. Esto es lo erótico, lo sexual, la atracción y gozo. Bueno, pensándolo bien María prefiere que no sea en la cama, aún sigue viéndolo desnudo ahí, expectante. Muy bien, el cuándo y el dónde ya están claros. Ahora, vayamos al qué. Se podría resumir en muy pocas palabras. Cariño, esto no va bien. Quiero que lo dejemos. No. Cariño, mejor no. Uno podría pensar que aún hay reminiscencias del amor pasado. Mejor decirle, Mira, creo que ya está. Esto no da más de sí. No, el esto no da más de sí, mejor no. Tampoco. Da pie a una conversación incómoda, complicada. Ella no quiere tener eso ahora. Es mejor dejar las discusiones para otro día. Ya puestos, dejarlas. Fin. Hasta siempre. Pero María sabe que no puede, que cuando una persona deja a otra, la ruptura se prolonga innecesariamente hasta que uno de los dos dice basta. Estoy harto. Absolutamente desquiciado. No quiero. Volver. A saber. Nada. Pero nada más. De ti.

Suena el timbre. María abre la puerta, es el técnico de internet. Acaban de cambiar de compañía, han tratado de hacer ellos mismos la instalación y algo ha salido mal. El tipo se pone al lío. Acaba rapidísimo. Se ve que ni Jorge ni ella son capaces de poner en marcha algo tan simple como la conexión. A internet. Él le explica el funcionamiento del router, le dice que puede cambiar la contraseña siguiendo las instrucciones que aparecen en la pegatina. Ella le da las gracias y le pide disculpas. Se siente estúpida por no darse cuenta del error. Algo tan sencillo para los demás y tan complicado para ellos.

María cambia la contraseña y la apunta. Coge sus cosas, las más importantes, el resto podrá venir a buscarlo más adelante.

Jorge llega horas más tarde. Ve que la luz del router ya parpadea en verde. Qué bien, por fin ha venido el técnico. Qué raro, el móvil no se conecta. Ve un post-it con el nombre de usuario y la contraseña. No es alfanumérica kilométrica. No es de esas que uno no puede recordar salvo que haga un juego nemotécnico. Qué extraño. No. Imposible.

María no da crédito cuando le llega el mensaje: «He visto que ha venido el técnico. La conexión va genial, amor. Gracias por hacerte cargo de las gestiones. Te espero en casa». Mierda. Joder. La ha pillado. Mira que había avanzado y le toca, otra vez, volver a la puta teoría.