726. LA TOALLA DE BIDET
Aurora Moreno Abad | Yedra

Bien temprano fuimos a los restos de rebajas de enero. Íbamos expectantes a la caza de la ganga.
Mi amiga me recordó que tenia pendiente mi regalo de cumple, ya que no me lo había comprado en diciembre porque con las fiestas todo está por las nubes. El presupuesto era de cinco euros.

Rebuscamos entre las montañas de ropa que quedaba ya deshilachada, sin encontrar nada a mi gusto.
Exhaustas hicimos un alto después de tres horas de deambular por los pasillos. Tomamos un bocadillo con cerveza. Nos pusimos más tiritas en los doloridos pies, para poder continuar por el centro comercial.

Entramos en una tienda de lujo de decoración para el baño. Yo eche el ojo a una jabonera de porcelana y un escobillero de metacrilato con caballitos de mar precioso, pero se salían del presupuesto.
Revolví en una estantería cogiendo una toalla blanca de bidet con incrustaciones de hilo metálico dorado en los bordes y estrellas en el centro. El precio asombrosamente se ajustaba. Era cinco euros.

La dependienta pasó la toalla con rapidez por la caja, comentando que no tenia bolsas pequeñas. Con una gran bolsa que arrastraba por el suelo, continuamos el recorrido contentas por la ganga.
Pasamos por las tiendas que nos faltaban y la puñetera toalla, emitía un pitido, teniendo que enseñar la bolsa cada dos por tres a las dependientas, lo cual era muy molesto para nosotras, por lo que decidimos marcharnos.

Por la noche estrene mi lujosa toalla de bidet, teniendo sumo cuidado, porque raspaba como un estropajo de aluminio sus incrustaciones y tenia miedo a que me desollara. Pero la puñetera, todavía guardaba otra sorpresa, al menor tacto estallaba en un pitido atroz, que alarmaba a todos los vecinos del portal.
Creo que no invertí bien el dinero de un cumple en las rebajas, la verdad…