494. LA VEZ
Cecilia Alonso | La pizza de boletus

Be-su-go. Aquellas tres sílabas se deslizaron entre mis dientes, liberando la llama lacerante de mi alma, mientras miraba arrobado los espléndidos ejemplares que se exhibían impúdicos en el mostrador de la pescadería.
—¿Cuánto quiere?
—Póngame cuarto y mitad —contesté yo enardecido al darme cuenta de la expectación que despertaban mis palabras entre los demás compradores.
—Eso no da ni para una ración —me contestó el pescadero que echaba un ojo detrás de mí para comprobar cuántas personas se amontonaban cual gorrioncitos a la hora de la merienda de los niños, a ver si podían llevarse a casa las migajas rebajadas.
—Necesito cuarto y mitad. Vengo con instrucciones concretas.
El pescadero me contempló durante un instante, exhalando su rabia contenida durante toda aquella mañana del día de Navidad, pensando, quizás, en que el destino que le había deparado la vida no era aquel soñado en su niñez. Pero algo detuvo su exabrupto, quizás la necesidad de comer cordero en Navidad y no sopa de pescado de nuevo.
—Pues cuarto y mitad para el señor.
Y una vez me vi con el paquetito bajo el brazo, habiendo librado la batalla que me había encomendado mi señora, me dispuse a volver a casa, con mi preciado tesoro, al que le esperaba como a todos los seres grandes y pequeños, el horno final.