LABIOS ROJOS
LAURA GONZALEZ ESTEBAN | LAURA GOLLENALDE

1/5 - (1 voto)

Le encantaba su lunar, y esa manera de masticar su milanesa de setas, la misma que pidió en la cena de empresa, aunque aquella vez no tenía los labios rojos. Eso hizo sonreír a Laura, ya que demostraba que era algo más que una quedada informal entre compañeras. Que Sara le hubiera propuesto cenar en el mismo lugar en el que meses atrás se hizo la cena de navidad del trabajo le había hecho desconfiar sobre el significado de la quedada y sentirse muy insegura. Pero ahí estaban, en absoluto silencio, intercambiándose sonrisas tímidas, pero sin saber que decir, como si de quinceañeras se trataran. Sara no paraba de masticar, con mordisquitos como los que le da un ratón al queso. Laura no podía parar de admirar la manera en la que se movían sus labios rojos, mientras su berenjena se quedaba fría en la mesa.

– ¿No tienes hambre? – dijo Sara percatándose de que no había probado el plato. En ese momento Laura fue consciente de su ensimismamiento, y avergonzada contestó:

– Eh… si, si. Solo… te miraba. – confesó vulnerable.

Un rojo intenso subió a las mejillas de Sara, que combinaba con su pelo cobrizo. Si no hubieran mediado palabra se podría decir que era por el vino tinto. Pero claramente las palabras de Laura habían dejado en evidencia lo que aquello era. Una cita. Sara se limpió la boca con la servilleta de tela y alzó la copa de vino:

– Por las miradas. Que son las que nos han traído hasta aquí.

Laura torpemente cogió su copa y le devolvió el brindis, dando un trago grande para intentar calmar sus nervios. Una cálida presencia se posó en ella, y al mirar encima de la mesa, Sara le estaba dando la mano con una sonrisa desbordante en su cara. La química entre ambas era evidente, como si unos átomos invisibles bailaran entre sus pieles.

– ¿Nos vamos? – preguntó Laura muy seria, con la necesidad pasmosa de moverse.

– ¿Ahora? ¡Pero si ni has comido!

– Me da igual. – contestó mientras pedía la cuenta.

Tras pagar, Laura agarró la mano a Sara guiándola hacia la salida. El frío aire de la calle les despejó la mente, pero los nervios seguían a flor de piel. Como si al cambiar de escenario se hubiera empezado desde cero, el silencio volvió aparecer mientras caminaban lentamente.

– Vivo aquí. – dijo tímidamente Sara mientras se paraba delante de un portal.

Laura miró el portal con desesperación. ¿Ya? ¿Tan rápido iba a terminar todo? Miró la cara de Sara, sus brillantes ojos, las mejillas sonrosadas, su enorme sonrisa… Sin pensarlo se acercó y sus labios tocaron esos labios rojos que tanto le habían ensimismado mientras la sangre comenzó a arder por sus venas.

– ¿Quieres subir? – Susurró Sara sin dejar de besarla mientras Laura asentía.

Se conocían desde hacía tantos años en la empresa…Y sin embargo esta era su primera cita. Con suerte, la última primera cita de sus vidas.