110. LADRONES DE GALLINA PARA UN TÓPICO
Manuel Enríquez Turiño | menritu

El silencio se hizo en el corral cuando la imponente imagen de Horn, Leg Horn, como le gustaba presentarse, recortó con su elegante silueta el umbral de la puerta de caballerizas. Dos jóvenes pollitas permanecieron inmóviles unos segundos observando el impecable plumaje negro, la amplia cresta bermellón cayendo con una descuidada elegancia sobre la cabeza y el inmaculado pico anaranjado y brillante como si hubiera sido encerado unos momentos antes. Leg Horn miró a su alrededor con unos inmensos ojos azules, mientras que sus patas emplumadas hasta casi las uñas, escarbaban indolentes en un pequeño montón de estiércol de vaca. Había sido llamado por Moebius, el viejo gallo. Una joven pollita ponedora, hija de la familia de más alcurnia del gallinero había desaparecido esa misma mañana. Su madre miss Faithfull sufría unos horribles desmayos presa de la angustia que la desaparición de su hija le ocasionaba. Leg Horn hizo varias preguntas. ¿Quién fue el último en ver a la joven? ¿Había desaparecido en otras ocasiones? ¿Estaba enamorada? Tras interrogar a varios sospechosos se acercó a su cliente.

—Señora, lo siento pero me temo que no tengo buenas noticias.
—Dígamelo, sabré recibir con entereza cualquier noticia por horrible que sea.
—Señora, su hija ha muerto y el asesino… el asesino… es el mayordomo.

—Bautista… ¿Qué tenemos hoy para comer?
—Pollo en pepitoria, señor, pollo en pepitoria.