Lapsus Mentis
Julio Pérez García | Magariños

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El mango de la puerta giró lentamente, Jimena hubiera deseado darle un empujón y poner fin a aquel segundo eterno. Finalmente, se abrió y quedó encuadrada una mujer, sus hombros paralelos al marco superior y sus caderas ceñidas al vestido que rompían la rigidez de la escena – Claro- pensó- Alex de Alejandra, no de Alejandro- Dado el alto cargo que aparecía en su biografía, Jimena había creído que se trataría de un hombre. Qué retrógrado por su parte. Aunque jamás se había fijado en otras mujeres, la posibilidad siempre estuvo sobre la mesa y Alejandra despertaba ese «deseo prohibido».

Jimena nunca había tenido un encuentro de este tipo. Recién graduada de la universidad, había pasado gran parte de sus días estudiando y jugando al mus. No tenía tiempo, o eso contaba a sus padres, para esas cosas. Casi había llegado tarde a la cita y no se había preparado demasiado. Su mejor amiga, que trabajaba en el mismo sector que Alex, le había dicho que no hacía falta: “sé tú misma”. Para más inri, la elección de encontrarse en un café le había descolocado un poco, pero concluyó que sería una moda.

-Hola, Jimena, soy Alex, piacere- un suave deje napolitano impregnó la entrada. La italiana extendió su mano a modo cordial. “Qué formal, aunque bueno, mejor ir despacio” resolvió Jimena- Hola, Alex, un placer- replicó ocultando en la medida de lo posible el impacto de aquella figura. Tomaron asiento.

-Siendo honesta, vi tu perfil y eres el tipo que busco. ¿Qué experiencia previa tienes?

Directa, sin tonterías. Jimena notó cierta picardía en su entonación, como si estuviese poniéndola a prueba. La verdad es que no tenía ninguna, pero las ganas de probar y cambiar de aires le podían; por eso estaba allí.

-Pues… en realidad… ninguna- murmuró mientras notaba la temperatura de sus carrillos disparase- Pero estoy decidida a aprender y darlo todo- remontó decididamente, irguiéndose.

Jimena trató de mantener aquella fachada de seguridad mientras Alex, Alessandra, la examinaba de arriba abajo con sus grandes ojos caoba.

-Okay, no pasa nada, yo te puedo enseñar- transmitió con seguridad y, según contaría después la otra, afán tranquilizador- Muy bien… perdona por la indiscreción, pero ¿tienes pensado tener hijos?

“¡Guau!” era todo lo que Jimena podía pensar en aquel instante. Se lo había soltado así, sin más. Vaciló, sus cejas se arquearon a medio camino entre la sorpresa y la indignación. Alex lo notó, pero antes de que llegara a corregir, un apresurado “no, no. Para nada” salió por su boca. Tenía que hacer cuanto estuviera en su mano por causarle una buena impresión. Alex sostuvo una sonrisa conciliadora.

-¡Perfetto! Perdón, tenía que asegurarme primero. ¿Te parece si seguimos con la parte técnica de la entrevista para el puesto de científica de datos?

La impresión que Alex le causó había hecho que Jimena casi olvidara por qué estaba allí: su primera entrevista de trabajo. Pero como descubriría más adelante, tal vez también hubiera sido su primera cita romántica con otra mujer.