341. LAS CONSECUENCIAS DE UN DESEO
Raquel Sánchez López | Cangrejomoro

‘-Dime, ¿qué deseas?
-Que se acabe el hambre en el mundo.
-¿Pero cómo se te ocurre tal cosa? ¿Sabes el alcance y las consecuencias de ese deseo? Si todos los seres de la tierra dejasen de tener hambre no comerían, y eso conlleva un aumento de la población de cada una de las especies en general, y la incomodidad de vivir cada vez más apretujados, sin espacio suficiente. Las plagas se sucederían sin control, la fauna de todo el planeta pugnaría por su propio espacio, cada vez más mermado, y la flora reinaría por cada rincón. Por no hablar de la productividad humana, que se vería obsoleta, ya que no tendría sentido el comercio si no hay consumo. Los productos alimenticios se estancarían y se pudrirían, dando lugar a un ambiente cada vez más enrarecido y poblado de bacterias nocivas y enfermedades campando a sus anchas. Aparte del problema de la mortandad, la inanición pasaría a ser la primera causa de ella. Al no tener apetito, nuestros cuerpos se irían deteriorando poco a poco sin nada que los sustente, produciéndose un lento y agónico fin que pocos podrían soportar. Los fallecimientos se sucederían a una velocidad vertiginosa, no dando tiempo al ser humano de enterrar tantos cadáveres. Las ciudades pronto se convertirían en improvisados cementerios y los andenes de carreteras en fosas comunes…
Así que piénsatelo mejor, ¿qué deseas?
La niña, desconcertada, dudó en responder a su rey Gaspar, sopesando seriamente los pros y los contras de pedir unos patines en línea.