1181. LAS LLAVES DEL TIEMPO
Mary Carmen Delgado Barranquero | Mary Carmen

—¿Has visto las llaves de la moto? —pregunta Carlos sofocado, irrumpiendo en el dormitorio de Bárbara, que está tumbada sobre la cama mientras lee Peter Pan—. Las dejé ayer en mi chaqueta y han desaparecido por arte de magia.
—¿Magia? ¡Qué interesante! —Bárbara sigue leyendo sin prestar atención a su adorado hermano mayor.
—Lástima que no las encuentre. Tenía una cita con Wendy para salvar a los niños perdidos, pero no llegaré a tiempo.
—¿Desde cuándo la chica con la que has quedado se llama Wendy? ¿Y quiénes son esos niños perdidos? —Carlos acababa de despertar el interés de su hermana pequeña por la conversación.
—Desde que Campanilla ha hecho un pacto con Garfio. Y esos niños perdidos son sus hermanos menores. Hoy me los iba a presentar. Wendy piensa que os vais a llevar muy bien.
—¡Nunca jamás!
—Exacto. Iremos todos juntos al país de Nunca Jamás para que os conozcáis.
—¿Y si Peter Pan se equivoca?
—¿Por qué?
—Porque sí.
—Ya entiendo. Tienes miedo de que crezca y me convierta en un pirata de la cuadrilla de Garfio. Me estás protegiendo.
—Exacto. Es lo que siempre hace Campanilla. Proteger a su querido Peter Pan para que aun a sus dieciséis años siga siendo un niño.
—¿Y si le das una oportunidad a Wendy? Ella sabe contar increíbles historias, y a ti te encanta leer.
—No.
—¿Por qué?
—Porque no.
—Te demostraré, pequeña e inteligente hada celosa de ocho años, que no estoy equivocado.
—¿Cómo?
—Volando. Si soy capaz de volar, harás magia para que aparezcan las llaves y le darás una oportunidad a Wendy. ¿Hay trato?
—Hay trato.
—¿Recuerdas quién fue la primera persona a la que monté en mi moto?
—Fui yo. —Los ojos de Bárbara brillan de felicidad.
—¿Y te gustó?
—Mucho.
—También a mí —sonríe Carlos—. Ahora cumple tu parte.
—Toma. —Bárbara, disgustada, hace aparecer las llaves por arte de magia—. Has vuelto a ganar. Has conseguido sacarme un pensamiento feliz, y con eso vuela Peter Pan. Pero seguiré protegiéndote para que no crezcas y te hagas mayor.
—No sólo con el pensamiento feliz. También con los polvos mágicos de Campanilla. Toma. —Carlos saca de su bolsillo el envoltorio de un chicle, se lo coloca en un dedo, a modo de dedal y se lo entrega a su hermana.
—¿Y ese beso? ¿También le darás un dedal a Wendy?
—Claro que no. Peter Pan sólo le entrega su dedal a Campanilla. Tengo una idea. Le diré a Wendy que para nuestra siguiente cita la hagamos en el país de Nunca Jamás, con los niños perdidos y contigo. Así estaremos todos juntos. ¿Te gusta?
—No.
—¿Por qué no?
—Por el cocodrilo. Tiene en su interior un reloj. Será imposible manipularlo para que llegues tarde a tu cita.
—¿A qué te refieres?
—A que las llaves eran sólo una distracción. Tu reloj está atrasado.