LAS PRIMERAS ESTRELLAS
Juan Carlos Fernandez Varela | Matisse

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Había una vez un pequeño café en el corazón de París. Sus mesas de madera desgastada estaban siempre ocupadas por parejas que compartían sonrisas, miradas y secretos a punto de desvelarse. Pero esta historia no comienza en el café, sino en una fría noche de invierno.

Sophie, una joven escritora apasionada por los libros antiguos, había estado soñando con su primera cita. Había leído sobre amores enardecidos, encuentros mágicos, y anhelaba experimentar algo similar. Cuando su amigo Antoine la invitó a cenar en un lugar especial, Sophie solo pudo aceptar entusiasmada.

El café estaba decorado con luces cálidas y pequeñas mariposas de papel que danzaban sobre el aire. El aroma a café recién molido embriagaba tus sentidos de placeres solo al alcance de unos pocos elegidos. Sophie esperaba nerviosa en la esquina, con su bufanda roja envuelta alrededor del cuello. Cuando Antoine llegó, su cálida sonrisa hizo que sus rodillas se tambalearan a dos centímetros sobre el suelo.

Se sentaron en una mesa junto a la ventana, Sophie notó embelesada cómo las luces de la ciudad se reflejaban en los ojos de Antoine. Hablaron sobre libros, arte y sueños aún por cumplirse. Sophie se sintió como si estuviera en una novela romántica, y las palabras de Antoine se transformaban en dulces melodías para sus oídos.Cuando llegó el postre, Antoine tomó la mano de Sophie. “¿Crees en las primeras estrellas?”, preguntó. Sophie asintió, sintiendo un ligero cosquilleo en el estómago. “Dicen que si deseas algo con todo tu corazón cuando ves la primera estrella en el cielo, se hará realidad”.



Antoine la miró fijamente y señaló hacia la ventana. “Mira, Sophie, allí está”. Sophie siguió su dedo y vio una estrella solitaria brillando en la oscuridad. Cerró los ojos y deseó con todas sus fuerzas: “Quiero que esta noche nunca termine”.



Cuando abrió los ojos, Antoine estaba a solo unos centímetros compartiendo el mismo aleteo de las mariposas . Sus labios se encontraron en un beso suave ,dulce y con un romántico y ligero aroma arábico . Sophie sintió que el tiempo dibujaba un paréntesis mágico mientras se perdía por los laberintos de su corazón . Las luces del café parpadearon como estrellas, y Sophie supo que su deseo se había cumplido.



Esa noche, bajo las primeras estrellas, Sophie y Antoine comenzaron su historia de amor. El café se convirtió en su lugar más especial, y cada vez que veían una estrella, se cogían de la mano y compartían sus deseos más profundos.

Y así, en ese pequeño café en París, Sophie aprendió que las primeras citas no necesitan ser perfectas. Solo necesitan ser auténticas y llenas de magia. Porque, a veces, las estrellas conspiran para que dos almas se encuentren y creen su propio cuento de hadas.