413. LAS TORRIJAS
Gemma Rodríguez Rivas | azules

Me desperté repentinamente, miré la hora en el móvil, me giré la miré a ella y vi que aún dormía. Me levanté sigilosamente pero“ mis sigilos“ a veces son más sonoros que el sonido de tres batucadas juntas, así soy yo. Y al poner el primer pie sobre la baldosa, sentí un líquido frío muy desagradable que me produjo un tremendo escalofrío y al querer cambiar de posición, tropecé y mi cuerpo aterrizó sobre un objeto inesperado : Una silla. Y lo que fue silla por unos instantes dejó de serlo quedando desintegrada como si sobre ella hubiese caÍdo un meteorito. Giré mi cabeza nuevamente y vi que ella tenía un ojo abierto y otro cerrado pero de su boca no salían palabras sino extraños ruidos. Me “ calcé “ unos calcetines, valga la redundancia, y me dirigí a la cocina con los calcetines puestos. Después de un despertar tan incierto aún tenía que hacer las torrijas que le había prometido a mi suegra. Recolecté todos los ingredientes necesarios para los suculentos manjares referidos anteriormente percatándome de que me faltaba uno esencial: La leche…. Y no pude evitarlo y de modo impulsivo grité ¡ Leches no hay leche ! Y de repente el gato de mi mujer empezó a maullar. Y digo de mi mujer porque el gato era suyo y siguió siéndolo hasta que dejó de serlo. Era un gato con pedigrí y sello de exclusividad. Ese fue requisito imprescindible para poder casarnos el de quedarnos con el gato a a pesar de mis alergias, mis manías y mis celos. Y posiblemente él era el causante de todas mis desgracias porque estaba tan mimado que le daban leche para desayunar …

Y los minutos iban pasando y el gato seguía maullando porque el quería su leche. Rebusqué por todos los armarios y rincones de la cocina y en la nevera. Sin rastro. Y sí, finalmente encontré un » mini-brick » de leche. Estaba inmerso en el objeto más transitado de la cocina: El verdulero. Aquel lugar que como su propio nombre indica sería para verduras pero donde se colocan todo tipo de cosas que no viene al caso detallar en este preciso momento.
Imagino que después de todo, todos quieren saber como terminó esta preciosa historia. Es muy sencillo . Me quedé sin torrijas, sin mujer, sin gato y sin suegra. Las torrijas no pude hacerlas por falta de ingredientes. El gato fenicio, feneció tras ingerir una leche en dudoso estado. Mi mujer me abandonó porque nunca me perdonó lo del gato y lo de la torrijas de su madre. Y mi suegra pues no lo sé pero eso ahora mismo tampoco importa demasiado…