1336. LE LLAMARON SHING CHOW CHIN
Juan Zaplana Ibáñez | Alestasian Zaplenka

Shing Chow Chin practicaba el celibato y se mantenía así un buen rato, parecía que allí abajo llevase consigo un pato. Buscaba una mujer para un mentecato, incapaz de dominarse al menos por un rato, pero no hubo mujer, siquiera profesional con la que hacer un trato, pues el muy tonto levantaba el pico de pato sin siquiera pasar medio rato, sin descanso. En toda China no había mujer con la que fuese grande ese rato, pues al verle caminar con ese enorme trapo, salían de aldeas y pueblos, ciudades y regiones con tal de no tocarle sus religiones a un ser de tal trato… pero, llegó a su conocimiento que había una joven de trato fácil y sexualidad algo desviada y decidió que debía conocerla. La muchacha se llamaba Chí Chí. Al parecer nadie sabía su autentico nombre, pero cuando se encontraba en pleno apogeo sexual, siempre decía lo mismo «chí, chí, chí» por lo que sus parejas amantes se animaban a continuar con lo que estaban haciendo, empleándose a fondo en el mejor disfrute posible.
Un joven y ardiente muchacho agarró su carromato y se dirigió hacia el lugar en el que vivía la muchacha. Shin Chow Chin se armó de paciencia pues China es un país muy extenso por lo que no llegaría enseguida a su destino. Cuando la vio, quedó tan prendado de su belleza que el pato levantó la cabeza con tanta ligereza que hizo que la joven, llena de gentileza, pero sin ninguna sutileza, le invitase a entrar en su residencia. Allí pasaron semanas sin salir pues cuando ella parecía pedir mas dale que dale, en realidad le estaba diciendo su nombre. Otra cosa que tampoco entendía Shing Chow Chin era que le estaba diciendo unos números aleatorios cuando le decía 1, 1, 1, 3, 4, 5, 6, 7, 8,… A todo esto, mientras ella le daba su teléfono de contacto, el orgulloso Shing CHow Chin pensaba que ella estaba contándole las veces que había conseguido quedarse extasiada gracias a sus movimientos pélvicos.
A pesar de sus diferencias , estaban destinados a estar juntos pues, al menos en el terreno sexual, nadie era capaz de seguirles el ritmo y mucho menos de adoptar posturas que ni siquiera existían en el famoso libro del kamasutra como, por ejemplo, la del hombre encima y la mujer debajo, pero eso si, mirándose el uno al otro y regodeándose de tantas curvas exquisitamente colocadas y también estaba la postura de la mujer desnuda y el hombre vestido, practicado principalmente por hombres muy tímidos, pero lo mejor, sin duda, el sexo oral, menudo invento . Consiste en contarle a la otra persona aquello que nos gustaría hacerle si es que el otro, la parte contraria se deja hacer. Esto normalmente se hace en la intimidad de una sala, sentados junto a una chimenea pero si no la tienes… hoy en día se puede chatear también.
A veces suele ir a mayores, terminan haciendo realidad lo que antes hablaron. Otras no.

Fin