966. LENGUAS VIPERINAS, ESTUDIOS CIENTÍFICOS Y «SANDICES»
SAGRARIO HERNANDO MARTÍNEZ | ARIADNA GAMAL

Érase una vez una época en la que las malas lenguas, o viperinas, eran las que decían.

¡Benditos tiempos después de todo! Ahora, son los estudios científicos los que dicen, no paran de decir… Tanto dicen, que encuentro una miríada de contradicciones. Me pregunto si dichos científicos contrastan los famosos, irrefutables e incuestionables datos, con otros científicos. Me encantaría que estuvieran de acuerdo entre ellos.

Hoy, como muchos días, no tuve que buscar noticias, y es que las noticias vienen insistentemente a mí. Posé mis ojos, misericordiosos y curiosos en una de ellas, por supuesto con un título que rezaba: «Estudios científicos dicen…» Y me propuse un reto: no, no es no leerlo, sino hallar otro artículo con estudios científicos que demostraran lo contrario. ¡Lo encontré! Mi ratón se topó con él, más rápido que si se hubiera tenido que preguntar: «¿Quién se ha llevado mi queso?», como Spencer Johnson.

¡Que viva la época de la evidencia científica! Siempre, siempre, siempre –¿he dicho siempre?– nos basamos en datos verificables, contrastables, repetibles, demostrables, o al menos mostrables. ¡Ah! ¡Y siempre almacenados! Y es que, hoy día estudios científicos dicen, grupos de WhatsApp dicen –dentro de aquí los ascendidos a administrador del grupo dicen, los machos y las hembras alfa dicen, predicen y hasta contradicen según la letra del abecedario griego que tengan enfrente, digo en línea–; los que tapan la boca a los «beta» dicen, las redes neurálgicas de Instagram dicen, y dicen tanto, que tienen instalada profundamente en su interior la creencia megalómana de educar a la humanidad, ávida de información, de datos y de perfiles a golpe de salto de rana, con San Dices como patrono universal.

Cuando aparece el que les rebate la opinión responden: «Pero…¡Eso no es científico!» Yo me pregunto si se han pasado la noche en un laboratorio, estudiando todos esos datos que parecen guardar en su memoria caché y que constantemente están a punto de ser pescados como si fueran ranas, ¡vaya, otra vez las ranas!
En fin, que casi es mejor que sean las lenguas viperinas las que digan.

Y allá, a lo lejos, en el eco de la dicción, oigo una voz que sentencia así:
–»Dices, dices, dices… «hiperdices».

Y, colorín colorado, este cuento de «sandices» se ha acabado.