1363. LES NEUF VEUVES
Bárbara Ureta Álvarez | Barbara Ura

A sus sesenta y cuatro años, la vida le abría una nueva puerta a Isabel. Se casó con dieciocho años y a esa edad no sabía nada de la vida, aunque después de cuarenta y seis años, estaba parecida. No había sido infeliz ni dichosa. Su vida la proyectó a través de su marido, no tenía amistades ni hijos.
Ahora que él había fallecido se planteó que iba a ser una viuda solitaria.

Una mañana, mientras desayunaba ojeando su periódico favorito, vio un anuncio cuyo titular: «Les Neuf Veuves» decía así: «nuestro club de treatro abre un casting en busca de una viuda de 60 años hacia adelante para formar parte de un grupo de teatro, cuya misión no es otra que reír, compartir y vivir. Apúntate, tú podrías ser la viuda que necesitamos». Aquello le pareció surrealista. Isabel pensó que aquel anuncio era una señal de que su vida debía dar un giro y de que ese casting la había encontrado a ella. Sería en dos días y estaba impaciente.
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Isabel llegó a la dirección y vio la fachada de un antiguo pero deteriorado local que había sido hacía tiempo un teatro. Vio la puerta de entrada y golpeó varias veces. Segundos después una mujer alta, pelirroja, de pelo corto y ojos azules abrió la puerta.
— ¡Querida! Imagino que estés aquí por el casting ¿verdad? Acompáñame, pero antes descálzate y deja tus zapatos en el mueble de la entrada – Isabel se fijó en que aquella mujer de unos setenta años iba descalza y llevaba una túnica de lino lila. Se descalzó y la siguió -.
Al fondo un escenario reinaba la sala y una decena de filas de butacas la acompañaban. A la izquierda había una escalera y subieron por ella. Unos sofás y burros atestados de ropa   dominaban la estancia y sentadas en el suelo en círculo había ocho mujeres. Todas tenían entre sesenta y noventa años y se respiraba en el ambiente paz y buena energía.
— Bienvenida -dijo la más mayor mientras se levantaba- Eres justo la novena viuda que buscábamos. ¡Ahora chicas tenemos que preparar la próxima obra «vite les filles!» hay mucho por hacer y una viuda que tiene mucho que aprender – Todas se levantaron, aplaudieron y sonrieron a Isabel, dándola la enhorabuena y rápidamente reanudaron sus tareas-.
—¿No haré el casting? – preguntó Isabel sorprendida-.
— Con el talento se nace ma chère. Tú lo tienes pero te enseñaré cómo se hace teatro. ¿A eso has venido, no? -preguntó desafíandola con sus intensos ojos color miel y su semblante rebosante de seguridad. Tenía acento francés, pero hablaba un fluido español.
— ¿Empezamos ya? – una nueva Isabel había nacido y supo que allí empezaba su nueva vida-.