85. ¡LIBERTAD!
Jesús Alberto Palacios Manzano | Alberto Buenaventura

En el despacho, un joven de estética roquera y algo desganado, se remueve en la silla, incómodo.
– Reláteme los hechos – dice el hombre trajeado que está sentado frente a él, de manera hosca.
– Pues resulta – contesta el joven sin dejar de mascar chicle -, que estaba yo visitando a mi prima Yanis, que está presa en Soto del Real por hurto, ya ve usted, por una caja de gambas congeladas del centro comercial, ¡ni que fueran de Huelva, vamos! Pues nada allí estaba yo en la sala de espera, que le había llevado yo un bocadillo de chistorra bien rico a mi prima para desayunar y levantarle un poco el ánimo, ¿sabe? Que aparte tiene al marido en rehabilitación por su adicción al potaje, esa es otra. Pues nada, de repente, ¡Bumba! un estruendo de la ostia. Yo me tiré al suelo, y cuando me levanté empecé a buscarla desesperadamente.
– ¿A su prima?
– No, a la chistorra, que se me había caído y era una pena desperdiciarla.
Silencio sepulcral.
– Total – continúa el joven -, que me puse a buscar a mi prima entre el desconcierto y llegué a la zona del piñazo. ¡Buá! ¡Eso era un butrón y no lo que hacía mi primo “El Boketes”! Entonces pude distinguir entre el humo a una mujer que bajaba cojeando por una escalinata de una aeronave tipo huevo kinder. Vestía muy pija pero rollo Halloween porque le faltaba media cara y se le podían ver las costuras del disfraz. Entonces empecé a oírla en mi cabeza; como los ventrílocuos, ¿sabe? Resulta que pertenecía a una raza alienígena parasitaria llamada Iluminatis que venían del planeta Krintandiör. Yo contesté que era de Fuenlabrada pero no pareció oírme. La “iluminada” había decidido a última hora tomar el control de la nave en vez de seguir en modo automático, y claro, se estampó. También me dijo que se reproducían por esporas, ya que no se aguantaban entre ellos y que llevaban años infiltrándose entre las élites y la patronal para seguir perpetuándose aún a costa de acabar con el planeta. Unos visionarios estos kristandiöreños. Entonces abrió la boca y pronunció una palabra: “¡Libertad!”. ¡Imagínese cuando oyeron eso las reclusas! Algunos funcionarios, tardaron más en reaccionar ya que tenían los sentidos embotados de ver fútbol y regatear con las presas para echar un polvo. Muchos murieron bajo la estampida, incluida la alienígena, que a partir de ese momento se convirtió en un icono revolucionario para la equidistante izquierda, iniciándose así, un cambio de paradigma de proporciones globales.
El joven se inclina hacia delante, conciliador.
– Y ese es el motivo, jefe – concluye el joven -, por el que ayer no pude venir a trabajar.