531. LÍNEA DIRECTA
Luciano Montero Viejo | COMETA AZUL

Estefi tenía dos confesores. Eran dos venerables ancianos con sotana cuyos confesonarios distaban pocos metros entre sí. Ambos la escuchaban y absolvían con idéntico aire mecánico y ausente, que hacía dudar de si realmente se enteraban de algo. De otro modo quizás Estefi no habría podido conciliar su devoción, mantenida por tradición familiar, con su más que alocado comportamiento adolescente. Confesarse con ellos era como arrojar los pecados a un pozo ciego. Y además los alternaba, una vez con cada uno.
Aquella mañana, después de un sábado particularmente licencioso, se había confesado con el padre Lucas. Rezaba ya en su banco cuando se sorprendió al oír en el confesonario del padre Mariano la llamada de un móvil reproduciendo la melodía del “Adeste Fideles”. Acto seguido, proveniente del otro confesonario, oyó la voz regocijada del padre Lucas:
-Alucina, Mariano. ¿A que no sabes con qué me ha venido hoy?