1324. LIVING ON THE WEST OF LONDON
Juan Zaplana Ibáñez | Alestasian Zaplenka

Me llamo Anastasia. Hace un año que vivo en Londres, en una zona maravillosa junto al rio Támesis, en Catherine Road, con mi prima Alesia. La vivienda de tres habitaciones pertenece a una urbanización de noventa viviendas y mi padre vive en el mismo edificio, pero su casa da para el lado opuesto.
En Londres suelen ser habituales las noches así, con tormenta. Al principio no me habituaba , bueno, es que soy española y de un sitio en el que apenas llueve, pero con el tiempo me he acostumbrado a que mi pelo se estropee cada vez que tengo que quedar bien.
Aquella no era una tormenta normal, mas bien, como si se hubieran desatado los infiernos y la penumbra permaneciese perpetua. Mi reloj marcaba las cinco, pero no era de madrugada, sino, por la tarde, el momento perfecto para tomar un delicioso té, aunque cierto es que yo de noche nunca lo tomo.
Cuando nos fuimos a vivir a esos apartamentos, no sabíamos que mi actor favorito vivía también allí por lo que fue una grata sorpresa. Aún así, mi relación con él hasta hoy ha consistido en encontrarle rara vez en la escalera, pero lo mejor es que he averiguado que suele frecuentar por las tardes un gastro-pub llamado «House of riders por lo que, mi prima y yo hemos empezado a ir para ver como casi siempre, está leyendo y tomando una taza de te. La camarera, Lika Cheng, la muy… suele estar un buen rato hablándole, aprovechándose de su simpatía para con sus seguidoras y convenientemente aprovecha cualquier escusa para tocarle sus hombros o sus musculados brazos sin que él se lo impida. La envidia me corroe por dentro y solo quiero vengarme de aquella camarera que intenta quitarme al amor de mi vida. Hoy ha regresado de su último éxito en Hollywood y en este mismo instante, estoy viéndole en la zona de los garajes hablando con mi padre como si se conociesen desde siempre, parece que son compañeros en la bolera y que casi siempre ganan pero, ¿por qué yo no lo sabía?
Está soplando mucho aire y las gotas de lluvia vuelan en todas direcciones. Como machotes que son, se han puesto sus capuchas y han intentado salir de la zona protegida de los garajes, pero a Tom le ha rechazado el viento y empujado hasta tropezar con mi padre. Su apretada silueta ha golpeado a la mole gigante y corpulenta ¡Que daño! Apenas unos pocos pasos y han regresado. Mi padre ha abierto su puerta y se han resguardado, despojándose de las capuchas.
Cierro mi automóvil y me acerco hasta donde están. Esta vez conseguiré hablar con Tom. Alesia ha llegado poco antes, asustada, sale de su automóvil al verme, ha comenzado a caminar hacia mí, pero sus pies ya no tocan el suelo, está tan delgada que… ¡Va a salir volando! y parece que no será la única, ¡Maldito viento! ¡otra vez no! quiero hablar con él. ¡Papá!

Fin