784. LLAMADA
ANTONIO LÓPEZ ÁLVAREZ | NORBA

LLAMADA

Se había muerto Joaquín, que era nuestro amigo, y allí estábamos todos, alrededor del féretro, dándole sepultura. Joaquín era un bromista, disfrutaba gastando bromas, pesadas en su inmensa mayoría, y Losada solía ser la víctima elegida casi siempre. Vais a sufrirlas hasta el día que me muera, solía decirnos entre grandes risotadas. Y ahora estaba allí, en aquella caja negra, parece mentira, decía Lesmes, con lo bromista que era. Había un silencio enorme y solo se oían las paletadas de tierra al golpear el ataúd. De pronto sonó un teléfono, y el sonido venía de la fosa. Todos nos miramos con angustia. El silencio se fundió con el silencio. Pero el camposantero echó mano al bolsillo y sacó un móvil. Todos respiramos con alivio. El camposantero se puso el aparato en el oído, asintió con la cabeza y dijo: ya. Y luego mirando hacia nosotros: Es Joaquín, que quiere hablar con Losada. Losada estaba blanco como el mármol de la tumba y el sepulturero se reía como una hiena.
(NORBA)